Tomás Páramo
Co-Founder @himbacollection
📸 Desde mis ojos @bytomasparamo
📕 Caricias de amor
📕 Si supieras quién soy
📕 Botas de colores para días de lluvia

A veces llegan cosas que cuesta creer que sean verdad…
Último mes del año y cada día parece más surrealista que el anterior. Proyectos que ven la luz y que, de alguna manera, eran sueños que nunca imaginamos alcanzar.
No creo en la suerte. Creo en el esfuerzo, en insistir incluso cuando nadie te ve… y, ahora más que nunca, en el amor propio. Porque más allá de lo profesional, el verdadero regalo es poder saborear cada uno de estos estando más en paz que nunca.
Gracias @gqspain y @ralphlaurenfragrances por elegirme.
Y gracias @mrdanielborras y @anitaolmedob por hacer que todo brillase no solo por el resultado, sino por el cariño con el que trabajáis.

A veces llegan cosas que cuesta creer que sean verdad…
Último mes del año y cada día parece más surrealista que el anterior. Proyectos que ven la luz y que, de alguna manera, eran sueños que nunca imaginamos alcanzar.
No creo en la suerte. Creo en el esfuerzo, en insistir incluso cuando nadie te ve… y, ahora más que nunca, en el amor propio. Porque más allá de lo profesional, el verdadero regalo es poder saborear cada uno de estos estando más en paz que nunca.
Gracias @gqspain y @ralphlaurenfragrances por elegirme.
Y gracias @mrdanielborras y @anitaolmedob por hacer que todo brillase no solo por el resultado, sino por el cariño con el que trabajáis.

A veces llegan cosas que cuesta creer que sean verdad…
Último mes del año y cada día parece más surrealista que el anterior. Proyectos que ven la luz y que, de alguna manera, eran sueños que nunca imaginamos alcanzar.
No creo en la suerte. Creo en el esfuerzo, en insistir incluso cuando nadie te ve… y, ahora más que nunca, en el amor propio. Porque más allá de lo profesional, el verdadero regalo es poder saborear cada uno de estos estando más en paz que nunca.
Gracias @gqspain y @ralphlaurenfragrances por elegirme.
Y gracias @mrdanielborras y @anitaolmedob por hacer que todo brillase no solo por el resultado, sino por el cariño con el que trabajáis.

A veces llegan cosas que cuesta creer que sean verdad…
Último mes del año y cada día parece más surrealista que el anterior. Proyectos que ven la luz y que, de alguna manera, eran sueños que nunca imaginamos alcanzar.
No creo en la suerte. Creo en el esfuerzo, en insistir incluso cuando nadie te ve… y, ahora más que nunca, en el amor propio. Porque más allá de lo profesional, el verdadero regalo es poder saborear cada uno de estos estando más en paz que nunca.
Gracias @gqspain y @ralphlaurenfragrances por elegirme.
Y gracias @mrdanielborras y @anitaolmedob por hacer que todo brillase no solo por el resultado, sino por el cariño con el que trabajáis.

A veces llegan cosas que cuesta creer que sean verdad…
Último mes del año y cada día parece más surrealista que el anterior. Proyectos que ven la luz y que, de alguna manera, eran sueños que nunca imaginamos alcanzar.
No creo en la suerte. Creo en el esfuerzo, en insistir incluso cuando nadie te ve… y, ahora más que nunca, en el amor propio. Porque más allá de lo profesional, el verdadero regalo es poder saborear cada uno de estos estando más en paz que nunca.
Gracias @gqspain y @ralphlaurenfragrances por elegirme.
Y gracias @mrdanielborras y @anitaolmedob por hacer que todo brillase no solo por el resultado, sino por el cariño con el que trabajáis.

A veces llegan cosas que cuesta creer que sean verdad…
Último mes del año y cada día parece más surrealista que el anterior. Proyectos que ven la luz y que, de alguna manera, eran sueños que nunca imaginamos alcanzar.
No creo en la suerte. Creo en el esfuerzo, en insistir incluso cuando nadie te ve… y, ahora más que nunca, en el amor propio. Porque más allá de lo profesional, el verdadero regalo es poder saborear cada uno de estos estando más en paz que nunca.
Gracias @gqspain y @ralphlaurenfragrances por elegirme.
Y gracias @mrdanielborras y @anitaolmedob por hacer que todo brillase no solo por el resultado, sino por el cariño con el que trabajáis.

A veces llegan cosas que cuesta creer que sean verdad…
Último mes del año y cada día parece más surrealista que el anterior. Proyectos que ven la luz y que, de alguna manera, eran sueños que nunca imaginamos alcanzar.
No creo en la suerte. Creo en el esfuerzo, en insistir incluso cuando nadie te ve… y, ahora más que nunca, en el amor propio. Porque más allá de lo profesional, el verdadero regalo es poder saborear cada uno de estos estando más en paz que nunca.
Gracias @gqspain y @ralphlaurenfragrances por elegirme.
Y gracias @mrdanielborras y @anitaolmedob por hacer que todo brillase no solo por el resultado, sino por el cariño con el que trabajáis.

A veces llegan cosas que cuesta creer que sean verdad…
Último mes del año y cada día parece más surrealista que el anterior. Proyectos que ven la luz y que, de alguna manera, eran sueños que nunca imaginamos alcanzar.
No creo en la suerte. Creo en el esfuerzo, en insistir incluso cuando nadie te ve… y, ahora más que nunca, en el amor propio. Porque más allá de lo profesional, el verdadero regalo es poder saborear cada uno de estos estando más en paz que nunca.
Gracias @gqspain y @ralphlaurenfragrances por elegirme.
Y gracias @mrdanielborras y @anitaolmedob por hacer que todo brillase no solo por el resultado, sino por el cariño con el que trabajáis.

A veces llegan cosas que cuesta creer que sean verdad…
Último mes del año y cada día parece más surrealista que el anterior. Proyectos que ven la luz y que, de alguna manera, eran sueños que nunca imaginamos alcanzar.
No creo en la suerte. Creo en el esfuerzo, en insistir incluso cuando nadie te ve… y, ahora más que nunca, en el amor propio. Porque más allá de lo profesional, el verdadero regalo es poder saborear cada uno de estos estando más en paz que nunca.
Gracias @gqspain y @ralphlaurenfragrances por elegirme.
Y gracias @mrdanielborras y @anitaolmedob por hacer que todo brillase no solo por el resultado, sino por el cariño con el que trabajáis.

A veces llegan cosas que cuesta creer que sean verdad…
Último mes del año y cada día parece más surrealista que el anterior. Proyectos que ven la luz y que, de alguna manera, eran sueños que nunca imaginamos alcanzar.
No creo en la suerte. Creo en el esfuerzo, en insistir incluso cuando nadie te ve… y, ahora más que nunca, en el amor propio. Porque más allá de lo profesional, el verdadero regalo es poder saborear cada uno de estos estando más en paz que nunca.
Gracias @gqspain y @ralphlaurenfragrances por elegirme.
Y gracias @mrdanielborras y @anitaolmedob por hacer que todo brillase no solo por el resultado, sino por el cariño con el que trabajáis.
Siempre había escuchado que si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes.
Yo, la verdad, no quería hacerle reír… ni tampoco creía que lo haría.
Pero sí hubo un momento en el que necesité esa risa, esa paz que solo veía en quienes habían sentido su amor.
Y, casi sin darme cuenta, de forma egoísta, empecé a acercarme.
Cada día. Cada mañana.
Y así… empezó esta historia de amor, tan real como cualquier otra.
Lo fácil sería pensar: está loco.
Pero no.
Toda relación es una elección: elegir amar, elegir entregar tu tiempo, elegir buscar incluso a ciegas… y acabar encontrando mucho más de lo que esperabas.
Y de ese encuentro… nació este libro.
Miles de palabras que, en forma de caricias, han ido abrazando mi corazón.
Respuestas que han brotado del silencio, de la verdad de mirarse a uno mismo frente al espejo…
de todo lo que queda cuando el ruido se apaga y decides escuchar.
Un libro lleno de vida.
Lleno de amor.
Un libro tejido de recuerdos, de sentimientos, de anécdotas, de deseo, de alegría…
Un lugar seguro.
No para huir, sino para volver.
Para encontrarme.
Para no olvidar ni el sentido ni el propósito.
Una forma de encontrar a Dios en lo cotidiano:
en el mundo, en la naturaleza, en una mirada, en un abrazo, en una conversación,
en una noche de desvelo, en la alegría… y también en el sufrimiento.
Un libro lleno de Caricias de amor que van directas al alma.
Todo lo que yo he recibido es un regalo…
y hoy quiero dejarlo en vuestro corazón.
Ya podéis adquirirlo en preventa,
y el 1 de abril estará en vuestras casas y en todas las librerías.
Gracias…
y mil veces gracias.
#cariciasdeamor

Cada día es un regalo, una nueva oportunidad para valorar lo que tengo y agradecer por ello.
Gracias por poder despertarme cada mañana y tener una familia que me espera.
Por ser el lugar seguro de alguien y saber que hay personas que me sostienen.
Por tener un techo donde dormir y comida en la mesa cada día.
Por tener a quien llamar cuando lo necesito y por quienes siempre me tienen presente.
Gracias por la suerte de viajar, de conocer el mundo y de seguir descubriéndome en cada experiencia.
Por mis amigos, que me quieren, que me acompañan, que celebran mis logros y me sostienen en los tropiezos.
Por mi familia, por ser mi raíz, por ser esperado por ellos, por los abrazos que me recuerdan quién soy.
Gracias por poder trabajar, por construir un camino con mis propias manos.
Por poder darme algún capricho sin olvidar el valor de las pequeñas cosas.
Por ser libre de tomar decisiones y escribir mi propia historia.
Por sentirme amado, por dar y recibir amor sin medida.
Gracias por tener a quien rezar, por la fe que me guía y me da esperanza.
Por todo lo que me han enseñado, por la educación que he recibido y que me ha formado.
Por poder seguir disfrutando de la comida de mi abuela, por el sabor de los recuerdos.
Por poder abrazar a mis padres, por la protección incondicional de mi madre.
Gracias por el mar bajo mis pies, por la inmensidad que me recuerda lo pequeño que soy.
Por mis ojos, por poder ver la belleza del mundo.
Por sentir, por emocionarme, por vivir con intensidad.
Por poder dar gracias, por tener salud, por cuidar de mí y seguir conociéndome cada día.
Gracias, simplemente, por vivir.

Cada día es un regalo, una nueva oportunidad para valorar lo que tengo y agradecer por ello.
Gracias por poder despertarme cada mañana y tener una familia que me espera.
Por ser el lugar seguro de alguien y saber que hay personas que me sostienen.
Por tener un techo donde dormir y comida en la mesa cada día.
Por tener a quien llamar cuando lo necesito y por quienes siempre me tienen presente.
Gracias por la suerte de viajar, de conocer el mundo y de seguir descubriéndome en cada experiencia.
Por mis amigos, que me quieren, que me acompañan, que celebran mis logros y me sostienen en los tropiezos.
Por mi familia, por ser mi raíz, por ser esperado por ellos, por los abrazos que me recuerdan quién soy.
Gracias por poder trabajar, por construir un camino con mis propias manos.
Por poder darme algún capricho sin olvidar el valor de las pequeñas cosas.
Por ser libre de tomar decisiones y escribir mi propia historia.
Por sentirme amado, por dar y recibir amor sin medida.
Gracias por tener a quien rezar, por la fe que me guía y me da esperanza.
Por todo lo que me han enseñado, por la educación que he recibido y que me ha formado.
Por poder seguir disfrutando de la comida de mi abuela, por el sabor de los recuerdos.
Por poder abrazar a mis padres, por la protección incondicional de mi madre.
Gracias por el mar bajo mis pies, por la inmensidad que me recuerda lo pequeño que soy.
Por mis ojos, por poder ver la belleza del mundo.
Por sentir, por emocionarme, por vivir con intensidad.
Por poder dar gracias, por tener salud, por cuidar de mí y seguir conociéndome cada día.
Gracias, simplemente, por vivir.

Cada día es un regalo, una nueva oportunidad para valorar lo que tengo y agradecer por ello.
Gracias por poder despertarme cada mañana y tener una familia que me espera.
Por ser el lugar seguro de alguien y saber que hay personas que me sostienen.
Por tener un techo donde dormir y comida en la mesa cada día.
Por tener a quien llamar cuando lo necesito y por quienes siempre me tienen presente.
Gracias por la suerte de viajar, de conocer el mundo y de seguir descubriéndome en cada experiencia.
Por mis amigos, que me quieren, que me acompañan, que celebran mis logros y me sostienen en los tropiezos.
Por mi familia, por ser mi raíz, por ser esperado por ellos, por los abrazos que me recuerdan quién soy.
Gracias por poder trabajar, por construir un camino con mis propias manos.
Por poder darme algún capricho sin olvidar el valor de las pequeñas cosas.
Por ser libre de tomar decisiones y escribir mi propia historia.
Por sentirme amado, por dar y recibir amor sin medida.
Gracias por tener a quien rezar, por la fe que me guía y me da esperanza.
Por todo lo que me han enseñado, por la educación que he recibido y que me ha formado.
Por poder seguir disfrutando de la comida de mi abuela, por el sabor de los recuerdos.
Por poder abrazar a mis padres, por la protección incondicional de mi madre.
Gracias por el mar bajo mis pies, por la inmensidad que me recuerda lo pequeño que soy.
Por mis ojos, por poder ver la belleza del mundo.
Por sentir, por emocionarme, por vivir con intensidad.
Por poder dar gracias, por tener salud, por cuidar de mí y seguir conociéndome cada día.
Gracias, simplemente, por vivir.

Cada día es un regalo, una nueva oportunidad para valorar lo que tengo y agradecer por ello.
Gracias por poder despertarme cada mañana y tener una familia que me espera.
Por ser el lugar seguro de alguien y saber que hay personas que me sostienen.
Por tener un techo donde dormir y comida en la mesa cada día.
Por tener a quien llamar cuando lo necesito y por quienes siempre me tienen presente.
Gracias por la suerte de viajar, de conocer el mundo y de seguir descubriéndome en cada experiencia.
Por mis amigos, que me quieren, que me acompañan, que celebran mis logros y me sostienen en los tropiezos.
Por mi familia, por ser mi raíz, por ser esperado por ellos, por los abrazos que me recuerdan quién soy.
Gracias por poder trabajar, por construir un camino con mis propias manos.
Por poder darme algún capricho sin olvidar el valor de las pequeñas cosas.
Por ser libre de tomar decisiones y escribir mi propia historia.
Por sentirme amado, por dar y recibir amor sin medida.
Gracias por tener a quien rezar, por la fe que me guía y me da esperanza.
Por todo lo que me han enseñado, por la educación que he recibido y que me ha formado.
Por poder seguir disfrutando de la comida de mi abuela, por el sabor de los recuerdos.
Por poder abrazar a mis padres, por la protección incondicional de mi madre.
Gracias por el mar bajo mis pies, por la inmensidad que me recuerda lo pequeño que soy.
Por mis ojos, por poder ver la belleza del mundo.
Por sentir, por emocionarme, por vivir con intensidad.
Por poder dar gracias, por tener salud, por cuidar de mí y seguir conociéndome cada día.
Gracias, simplemente, por vivir.

Cada día es un regalo, una nueva oportunidad para valorar lo que tengo y agradecer por ello.
Gracias por poder despertarme cada mañana y tener una familia que me espera.
Por ser el lugar seguro de alguien y saber que hay personas que me sostienen.
Por tener un techo donde dormir y comida en la mesa cada día.
Por tener a quien llamar cuando lo necesito y por quienes siempre me tienen presente.
Gracias por la suerte de viajar, de conocer el mundo y de seguir descubriéndome en cada experiencia.
Por mis amigos, que me quieren, que me acompañan, que celebran mis logros y me sostienen en los tropiezos.
Por mi familia, por ser mi raíz, por ser esperado por ellos, por los abrazos que me recuerdan quién soy.
Gracias por poder trabajar, por construir un camino con mis propias manos.
Por poder darme algún capricho sin olvidar el valor de las pequeñas cosas.
Por ser libre de tomar decisiones y escribir mi propia historia.
Por sentirme amado, por dar y recibir amor sin medida.
Gracias por tener a quien rezar, por la fe que me guía y me da esperanza.
Por todo lo que me han enseñado, por la educación que he recibido y que me ha formado.
Por poder seguir disfrutando de la comida de mi abuela, por el sabor de los recuerdos.
Por poder abrazar a mis padres, por la protección incondicional de mi madre.
Gracias por el mar bajo mis pies, por la inmensidad que me recuerda lo pequeño que soy.
Por mis ojos, por poder ver la belleza del mundo.
Por sentir, por emocionarme, por vivir con intensidad.
Por poder dar gracias, por tener salud, por cuidar de mí y seguir conociéndome cada día.
Gracias, simplemente, por vivir.

Cada día es un regalo, una nueva oportunidad para valorar lo que tengo y agradecer por ello.
Gracias por poder despertarme cada mañana y tener una familia que me espera.
Por ser el lugar seguro de alguien y saber que hay personas que me sostienen.
Por tener un techo donde dormir y comida en la mesa cada día.
Por tener a quien llamar cuando lo necesito y por quienes siempre me tienen presente.
Gracias por la suerte de viajar, de conocer el mundo y de seguir descubriéndome en cada experiencia.
Por mis amigos, que me quieren, que me acompañan, que celebran mis logros y me sostienen en los tropiezos.
Por mi familia, por ser mi raíz, por ser esperado por ellos, por los abrazos que me recuerdan quién soy.
Gracias por poder trabajar, por construir un camino con mis propias manos.
Por poder darme algún capricho sin olvidar el valor de las pequeñas cosas.
Por ser libre de tomar decisiones y escribir mi propia historia.
Por sentirme amado, por dar y recibir amor sin medida.
Gracias por tener a quien rezar, por la fe que me guía y me da esperanza.
Por todo lo que me han enseñado, por la educación que he recibido y que me ha formado.
Por poder seguir disfrutando de la comida de mi abuela, por el sabor de los recuerdos.
Por poder abrazar a mis padres, por la protección incondicional de mi madre.
Gracias por el mar bajo mis pies, por la inmensidad que me recuerda lo pequeño que soy.
Por mis ojos, por poder ver la belleza del mundo.
Por sentir, por emocionarme, por vivir con intensidad.
Por poder dar gracias, por tener salud, por cuidar de mí y seguir conociéndome cada día.
Gracias, simplemente, por vivir.

Cada día es un regalo, una nueva oportunidad para valorar lo que tengo y agradecer por ello.
Gracias por poder despertarme cada mañana y tener una familia que me espera.
Por ser el lugar seguro de alguien y saber que hay personas que me sostienen.
Por tener un techo donde dormir y comida en la mesa cada día.
Por tener a quien llamar cuando lo necesito y por quienes siempre me tienen presente.
Gracias por la suerte de viajar, de conocer el mundo y de seguir descubriéndome en cada experiencia.
Por mis amigos, que me quieren, que me acompañan, que celebran mis logros y me sostienen en los tropiezos.
Por mi familia, por ser mi raíz, por ser esperado por ellos, por los abrazos que me recuerdan quién soy.
Gracias por poder trabajar, por construir un camino con mis propias manos.
Por poder darme algún capricho sin olvidar el valor de las pequeñas cosas.
Por ser libre de tomar decisiones y escribir mi propia historia.
Por sentirme amado, por dar y recibir amor sin medida.
Gracias por tener a quien rezar, por la fe que me guía y me da esperanza.
Por todo lo que me han enseñado, por la educación que he recibido y que me ha formado.
Por poder seguir disfrutando de la comida de mi abuela, por el sabor de los recuerdos.
Por poder abrazar a mis padres, por la protección incondicional de mi madre.
Gracias por el mar bajo mis pies, por la inmensidad que me recuerda lo pequeño que soy.
Por mis ojos, por poder ver la belleza del mundo.
Por sentir, por emocionarme, por vivir con intensidad.
Por poder dar gracias, por tener salud, por cuidar de mí y seguir conociéndome cada día.
Gracias, simplemente, por vivir.

Cada día es un regalo, una nueva oportunidad para valorar lo que tengo y agradecer por ello.
Gracias por poder despertarme cada mañana y tener una familia que me espera.
Por ser el lugar seguro de alguien y saber que hay personas que me sostienen.
Por tener un techo donde dormir y comida en la mesa cada día.
Por tener a quien llamar cuando lo necesito y por quienes siempre me tienen presente.
Gracias por la suerte de viajar, de conocer el mundo y de seguir descubriéndome en cada experiencia.
Por mis amigos, que me quieren, que me acompañan, que celebran mis logros y me sostienen en los tropiezos.
Por mi familia, por ser mi raíz, por ser esperado por ellos, por los abrazos que me recuerdan quién soy.
Gracias por poder trabajar, por construir un camino con mis propias manos.
Por poder darme algún capricho sin olvidar el valor de las pequeñas cosas.
Por ser libre de tomar decisiones y escribir mi propia historia.
Por sentirme amado, por dar y recibir amor sin medida.
Gracias por tener a quien rezar, por la fe que me guía y me da esperanza.
Por todo lo que me han enseñado, por la educación que he recibido y que me ha formado.
Por poder seguir disfrutando de la comida de mi abuela, por el sabor de los recuerdos.
Por poder abrazar a mis padres, por la protección incondicional de mi madre.
Gracias por el mar bajo mis pies, por la inmensidad que me recuerda lo pequeño que soy.
Por mis ojos, por poder ver la belleza del mundo.
Por sentir, por emocionarme, por vivir con intensidad.
Por poder dar gracias, por tener salud, por cuidar de mí y seguir conociéndome cada día.
Gracias, simplemente, por vivir.

Cada día es un regalo, una nueva oportunidad para valorar lo que tengo y agradecer por ello.
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Por tener a quien llamar cuando lo necesito y por quienes siempre me tienen presente.
Gracias por la suerte de viajar, de conocer el mundo y de seguir descubriéndome en cada experiencia.
Por mis amigos, que me quieren, que me acompañan, que celebran mis logros y me sostienen en los tropiezos.
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Por sentirme amado, por dar y recibir amor sin medida.
Gracias por tener a quien rezar, por la fe que me guía y me da esperanza.
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Por poder seguir disfrutando de la comida de mi abuela, por el sabor de los recuerdos.
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Gracias por el mar bajo mis pies, por la inmensidad que me recuerda lo pequeño que soy.
Por mis ojos, por poder ver la belleza del mundo.
Por sentir, por emocionarme, por vivir con intensidad.
Por poder dar gracias, por tener salud, por cuidar de mí y seguir conociéndome cada día.
Gracias, simplemente, por vivir.

Cada día es un regalo, una nueva oportunidad para valorar lo que tengo y agradecer por ello.
Gracias por poder despertarme cada mañana y tener una familia que me espera.
Por ser el lugar seguro de alguien y saber que hay personas que me sostienen.
Por tener un techo donde dormir y comida en la mesa cada día.
Por tener a quien llamar cuando lo necesito y por quienes siempre me tienen presente.
Gracias por la suerte de viajar, de conocer el mundo y de seguir descubriéndome en cada experiencia.
Por mis amigos, que me quieren, que me acompañan, que celebran mis logros y me sostienen en los tropiezos.
Por mi familia, por ser mi raíz, por ser esperado por ellos, por los abrazos que me recuerdan quién soy.
Gracias por poder trabajar, por construir un camino con mis propias manos.
Por poder darme algún capricho sin olvidar el valor de las pequeñas cosas.
Por ser libre de tomar decisiones y escribir mi propia historia.
Por sentirme amado, por dar y recibir amor sin medida.
Gracias por tener a quien rezar, por la fe que me guía y me da esperanza.
Por todo lo que me han enseñado, por la educación que he recibido y que me ha formado.
Por poder seguir disfrutando de la comida de mi abuela, por el sabor de los recuerdos.
Por poder abrazar a mis padres, por la protección incondicional de mi madre.
Gracias por el mar bajo mis pies, por la inmensidad que me recuerda lo pequeño que soy.
Por mis ojos, por poder ver la belleza del mundo.
Por sentir, por emocionarme, por vivir con intensidad.
Por poder dar gracias, por tener salud, por cuidar de mí y seguir conociéndome cada día.
Gracias, simplemente, por vivir.
Últimamente siento que vivo en una constante contradicción entre lo que pide mi corazón y lo que manda mi cabeza.
Podría decirse que este escaparate me exige, o quizá me lo exijo yo mismo, una perfección constante. Trato de estar a la altura de vosotros, a la altura de las críticas, a la altura de las marcas con las que trabajo o me gustaría trabajar… y entre tanto, me quedo atrapado y encierro lo que soy por inseguridad.
¿Y qué tiene de malo ser yo mismo?
Esta mañana he llegado a la iglesia, me he puesto de rodillas ante el Señor y me he sentido en casa. Después, antes de dejar a mis hijos en el colegio, íbamos en el coche cantando a voz en grito, volaban los pájaros, alabábamos a Dios y mi corazón, no por arte de magia sino por amor, explotaba de felicidad.
¿Y por qué escondo eso?
Y sí, lo sé. Incluso sin esconderlo, muchas veces me callo porque mi mente me dice que quizá no debo ser pesado, que no debo pasarme, que quizá esto no encaja con la imagen que “tengo” que dar. Porque parece que tengo que ser más moderno, más cool, más estético. Como si creer en Dios no pudiera convivir con todo eso. Como si hoy la perfección consistiera únicamente en aparentar una vida bonita.
Pero no.
Esta es mi fuente. De aquí me nutro, me lleno, me inspiro y lleno mi alma de libertad. Porque este es mi secreto. Esta es mi vida.
Y hoy, sin querer ofender a nadie con lo que ve o con lo que lee, solo te pido que mires dentro de tu corazón. Que te preguntes si estás viviendo para los demás o si realmente estás en el lugar al que te llama tu corazón.
Porque la vida es día a día. Y ojalá, en cualquier forma o lugar, todos encontremos nuestra fuente.
Porque en este mundo en el que todo está al alcance de nuestra mano, cada vez nos cuesta más ser nosotros mismos. Y poco a poco, vivimos más pendientes de agradar fuera que de escucharnos dentro.
Feliz Pentecostés.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Y efectivamente, espero nunca perder ese lado mío que cree que algo mágico está por llegar. Porque la vida, siempre y cuando menos te lo esperas, tiene una maravillosa forma de sorprenderte.

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
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Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero
Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Esta también es mi familia. Y así los quiero. Desde niños juntos y aquí seguimos.
Han cambiado muchas cosas, pero lo esencial sigue intacto.
Riéndonos hasta que duela, literalmente. Incluso de nuestra propia sombra. Sin máscaras, sin caretas, porque esto es casa.
Un fin de semana olvidándonos de todo y de todos. Y, en cierto modo, volviendo a ser niños otra vez.
Arreglándonos la vida unos a otros sin siquiera pedirlo. Qué regalo teneros. Os quiero

Me gustan las flores en vida, los “te quiero” que no acompañen una despedida, las visitas inesperadas sin cita, la valentía para decir lo que sientes sin necesidad de tener que alzar las copas, las palabras espontáneas que nacen del corazón y se escapan de la boca, los abrazos que llegan sin avisar y se quedan un poco más de lo normal.
Me gusta la gente que vibra, la que se emociona regalando, la que sueña con tu ilusión como si fuera propia. Me gusta quien sube la música y canta a voz en grito, quien, sin pedir nada a cambio, trata de hacerte la vida un poco más ligera, quien está en los detalles que nadie ve.
Me gusta la gente valiente, la que no espera a que la vida dé un giro para pedir perdón, la que se adelanta al orgullo, la que prefiere querer antes que lamentar, la que da el paso aun sin saber dónde pisa.
Me gusta la gente que vive de verdad, la que no esconde lo que siente en una bola de cristal, la que se permite sentir, romperse y volver, la que te mira a los ojos y busca encontrarte, no pasar de largo.
Me gusta quien se atreve a bailar bajo la lluvia, a saltar los charcos, a mancharse las manos, la gente a la que no le importa el qué dirán, la que se equivoca y vuelve a intentarlo sin perder la fe en sí misma.
Me gusta la gente que, antes de juzgar, elige comprender, la que cuando mira a alguien ve un corazón como el suyo, la que entiende que todos, en el fondo, estamos peleando nuestras propias batallas.
Me gusta la gente a la que le interesa la vida, la que es capaz de tocar el viento y quedarse un rato, la que se deja empapar por cada rayo de sol, la que no cabe en el sota, caballo y rey, la que rompe el guion y escribe el suyo.
Me gusta la gente que juega con las rayas de los pasos de cebra, la que te da los buenos días sin conocerte, la que te abre la puerta sin pensarlo, la que rompe protocolos porque siente más de lo que aparenta.
Me gusta la gente que ama a los niños, la que se hace pequeña para ponerse a su altura, la que se pone sus gafas para volver a creer, la que no ha olvidado lo que es sentir de verdad.

Me gustan las flores en vida, los “te quiero” que no acompañen una despedida, las visitas inesperadas sin cita, la valentía para decir lo que sientes sin necesidad de tener que alzar las copas, las palabras espontáneas que nacen del corazón y se escapan de la boca, los abrazos que llegan sin avisar y se quedan un poco más de lo normal.
Me gusta la gente que vibra, la que se emociona regalando, la que sueña con tu ilusión como si fuera propia. Me gusta quien sube la música y canta a voz en grito, quien, sin pedir nada a cambio, trata de hacerte la vida un poco más ligera, quien está en los detalles que nadie ve.
Me gusta la gente valiente, la que no espera a que la vida dé un giro para pedir perdón, la que se adelanta al orgullo, la que prefiere querer antes que lamentar, la que da el paso aun sin saber dónde pisa.
Me gusta la gente que vive de verdad, la que no esconde lo que siente en una bola de cristal, la que se permite sentir, romperse y volver, la que te mira a los ojos y busca encontrarte, no pasar de largo.
Me gusta quien se atreve a bailar bajo la lluvia, a saltar los charcos, a mancharse las manos, la gente a la que no le importa el qué dirán, la que se equivoca y vuelve a intentarlo sin perder la fe en sí misma.
Me gusta la gente que, antes de juzgar, elige comprender, la que cuando mira a alguien ve un corazón como el suyo, la que entiende que todos, en el fondo, estamos peleando nuestras propias batallas.
Me gusta la gente a la que le interesa la vida, la que es capaz de tocar el viento y quedarse un rato, la que se deja empapar por cada rayo de sol, la que no cabe en el sota, caballo y rey, la que rompe el guion y escribe el suyo.
Me gusta la gente que juega con las rayas de los pasos de cebra, la que te da los buenos días sin conocerte, la que te abre la puerta sin pensarlo, la que rompe protocolos porque siente más de lo que aparenta.
Me gusta la gente que ama a los niños, la que se hace pequeña para ponerse a su altura, la que se pone sus gafas para volver a creer, la que no ha olvidado lo que es sentir de verdad.

Me gustan las flores en vida, los “te quiero” que no acompañen una despedida, las visitas inesperadas sin cita, la valentía para decir lo que sientes sin necesidad de tener que alzar las copas, las palabras espontáneas que nacen del corazón y se escapan de la boca, los abrazos que llegan sin avisar y se quedan un poco más de lo normal.
Me gusta la gente que vibra, la que se emociona regalando, la que sueña con tu ilusión como si fuera propia. Me gusta quien sube la música y canta a voz en grito, quien, sin pedir nada a cambio, trata de hacerte la vida un poco más ligera, quien está en los detalles que nadie ve.
Me gusta la gente valiente, la que no espera a que la vida dé un giro para pedir perdón, la que se adelanta al orgullo, la que prefiere querer antes que lamentar, la que da el paso aun sin saber dónde pisa.
Me gusta la gente que vive de verdad, la que no esconde lo que siente en una bola de cristal, la que se permite sentir, romperse y volver, la que te mira a los ojos y busca encontrarte, no pasar de largo.
Me gusta quien se atreve a bailar bajo la lluvia, a saltar los charcos, a mancharse las manos, la gente a la que no le importa el qué dirán, la que se equivoca y vuelve a intentarlo sin perder la fe en sí misma.
Me gusta la gente que, antes de juzgar, elige comprender, la que cuando mira a alguien ve un corazón como el suyo, la que entiende que todos, en el fondo, estamos peleando nuestras propias batallas.
Me gusta la gente a la que le interesa la vida, la que es capaz de tocar el viento y quedarse un rato, la que se deja empapar por cada rayo de sol, la que no cabe en el sota, caballo y rey, la que rompe el guion y escribe el suyo.
Me gusta la gente que juega con las rayas de los pasos de cebra, la que te da los buenos días sin conocerte, la que te abre la puerta sin pensarlo, la que rompe protocolos porque siente más de lo que aparenta.
Me gusta la gente que ama a los niños, la que se hace pequeña para ponerse a su altura, la que se pone sus gafas para volver a creer, la que no ha olvidado lo que es sentir de verdad.

Me gustan las flores en vida, los “te quiero” que no acompañen una despedida, las visitas inesperadas sin cita, la valentía para decir lo que sientes sin necesidad de tener que alzar las copas, las palabras espontáneas que nacen del corazón y se escapan de la boca, los abrazos que llegan sin avisar y se quedan un poco más de lo normal.
Me gusta la gente que vibra, la que se emociona regalando, la que sueña con tu ilusión como si fuera propia. Me gusta quien sube la música y canta a voz en grito, quien, sin pedir nada a cambio, trata de hacerte la vida un poco más ligera, quien está en los detalles que nadie ve.
Me gusta la gente valiente, la que no espera a que la vida dé un giro para pedir perdón, la que se adelanta al orgullo, la que prefiere querer antes que lamentar, la que da el paso aun sin saber dónde pisa.
Me gusta la gente que vive de verdad, la que no esconde lo que siente en una bola de cristal, la que se permite sentir, romperse y volver, la que te mira a los ojos y busca encontrarte, no pasar de largo.
Me gusta quien se atreve a bailar bajo la lluvia, a saltar los charcos, a mancharse las manos, la gente a la que no le importa el qué dirán, la que se equivoca y vuelve a intentarlo sin perder la fe en sí misma.
Me gusta la gente que, antes de juzgar, elige comprender, la que cuando mira a alguien ve un corazón como el suyo, la que entiende que todos, en el fondo, estamos peleando nuestras propias batallas.
Me gusta la gente a la que le interesa la vida, la que es capaz de tocar el viento y quedarse un rato, la que se deja empapar por cada rayo de sol, la que no cabe en el sota, caballo y rey, la que rompe el guion y escribe el suyo.
Me gusta la gente que juega con las rayas de los pasos de cebra, la que te da los buenos días sin conocerte, la que te abre la puerta sin pensarlo, la que rompe protocolos porque siente más de lo que aparenta.
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Me gustan las flores en vida, los “te quiero” que no acompañen una despedida, las visitas inesperadas sin cita, la valentía para decir lo que sientes sin necesidad de tener que alzar las copas, las palabras espontáneas que nacen del corazón y se escapan de la boca, los abrazos que llegan sin avisar y se quedan un poco más de lo normal.
Me gusta la gente que vibra, la que se emociona regalando, la que sueña con tu ilusión como si fuera propia. Me gusta quien sube la música y canta a voz en grito, quien, sin pedir nada a cambio, trata de hacerte la vida un poco más ligera, quien está en los detalles que nadie ve.
Me gusta la gente valiente, la que no espera a que la vida dé un giro para pedir perdón, la que se adelanta al orgullo, la que prefiere querer antes que lamentar, la que da el paso aun sin saber dónde pisa.
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Me gusta quien se atreve a bailar bajo la lluvia, a saltar los charcos, a mancharse las manos, la gente a la que no le importa el qué dirán, la que se equivoca y vuelve a intentarlo sin perder la fe en sí misma.
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Me gusta la gente a la que le interesa la vida, la que es capaz de tocar el viento y quedarse un rato, la que se deja empapar por cada rayo de sol, la que no cabe en el sota, caballo y rey, la que rompe el guion y escribe el suyo.
Me gusta la gente que juega con las rayas de los pasos de cebra, la que te da los buenos días sin conocerte, la que te abre la puerta sin pensarlo, la que rompe protocolos porque siente más de lo que aparenta.
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Me gustan las flores en vida, los “te quiero” que no acompañen una despedida, las visitas inesperadas sin cita, la valentía para decir lo que sientes sin necesidad de tener que alzar las copas, las palabras espontáneas que nacen del corazón y se escapan de la boca, los abrazos que llegan sin avisar y se quedan un poco más de lo normal.
Me gusta la gente que vibra, la que se emociona regalando, la que sueña con tu ilusión como si fuera propia. Me gusta quien sube la música y canta a voz en grito, quien, sin pedir nada a cambio, trata de hacerte la vida un poco más ligera, quien está en los detalles que nadie ve.
Me gusta la gente valiente, la que no espera a que la vida dé un giro para pedir perdón, la que se adelanta al orgullo, la que prefiere querer antes que lamentar, la que da el paso aun sin saber dónde pisa.
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Me gusta la gente a la que le interesa la vida, la que es capaz de tocar el viento y quedarse un rato, la que se deja empapar por cada rayo de sol, la que no cabe en el sota, caballo y rey, la que rompe el guion y escribe el suyo.
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Me gusta la gente que vibra, la que se emociona regalando, la que sueña con tu ilusión como si fuera propia. Me gusta quien sube la música y canta a voz en grito, quien, sin pedir nada a cambio, trata de hacerte la vida un poco más ligera, quien está en los detalles que nadie ve.
Me gusta la gente valiente, la que no espera a que la vida dé un giro para pedir perdón, la que se adelanta al orgullo, la que prefiere querer antes que lamentar, la que da el paso aun sin saber dónde pisa.
Me gusta la gente que vive de verdad, la que no esconde lo que siente en una bola de cristal, la que se permite sentir, romperse y volver, la que te mira a los ojos y busca encontrarte, no pasar de largo.
Me gusta quien se atreve a bailar bajo la lluvia, a saltar los charcos, a mancharse las manos, la gente a la que no le importa el qué dirán, la que se equivoca y vuelve a intentarlo sin perder la fe en sí misma.
Me gusta la gente que, antes de juzgar, elige comprender, la que cuando mira a alguien ve un corazón como el suyo, la que entiende que todos, en el fondo, estamos peleando nuestras propias batallas.
Me gusta la gente a la que le interesa la vida, la que es capaz de tocar el viento y quedarse un rato, la que se deja empapar por cada rayo de sol, la que no cabe en el sota, caballo y rey, la que rompe el guion y escribe el suyo.
Me gusta la gente que juega con las rayas de los pasos de cebra, la que te da los buenos días sin conocerte, la que te abre la puerta sin pensarlo, la que rompe protocolos porque siente más de lo que aparenta.
Me gusta la gente que ama a los niños, la que se hace pequeña para ponerse a su altura, la que se pone sus gafas para volver a creer, la que no ha olvidado lo que es sentir de verdad.

Me gustan las flores en vida, los “te quiero” que no acompañen una despedida, las visitas inesperadas sin cita, la valentía para decir lo que sientes sin necesidad de tener que alzar las copas, las palabras espontáneas que nacen del corazón y se escapan de la boca, los abrazos que llegan sin avisar y se quedan un poco más de lo normal.
Me gusta la gente que vibra, la que se emociona regalando, la que sueña con tu ilusión como si fuera propia. Me gusta quien sube la música y canta a voz en grito, quien, sin pedir nada a cambio, trata de hacerte la vida un poco más ligera, quien está en los detalles que nadie ve.
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Me gusta la gente a la que le interesa la vida, la que es capaz de tocar el viento y quedarse un rato, la que se deja empapar por cada rayo de sol, la que no cabe en el sota, caballo y rey, la que rompe el guion y escribe el suyo.
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Me gusta la gente que vive de verdad, la que no esconde lo que siente en una bola de cristal, la que se permite sentir, romperse y volver, la que te mira a los ojos y busca encontrarte, no pasar de largo.
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Me gusta la gente a la que le interesa la vida, la que es capaz de tocar el viento y quedarse un rato, la que se deja empapar por cada rayo de sol, la que no cabe en el sota, caballo y rey, la que rompe el guion y escribe el suyo.
Me gusta la gente que juega con las rayas de los pasos de cebra, la que te da los buenos días sin conocerte, la que te abre la puerta sin pensarlo, la que rompe protocolos porque siente más de lo que aparenta.
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Me gustan las flores en vida, los “te quiero” que no acompañen una despedida, las visitas inesperadas sin cita, la valentía para decir lo que sientes sin necesidad de tener que alzar las copas, las palabras espontáneas que nacen del corazón y se escapan de la boca, los abrazos que llegan sin avisar y se quedan un poco más de lo normal.
Me gusta la gente que vibra, la que se emociona regalando, la que sueña con tu ilusión como si fuera propia. Me gusta quien sube la música y canta a voz en grito, quien, sin pedir nada a cambio, trata de hacerte la vida un poco más ligera, quien está en los detalles que nadie ve.
Me gusta la gente valiente, la que no espera a que la vida dé un giro para pedir perdón, la que se adelanta al orgullo, la que prefiere querer antes que lamentar, la que da el paso aun sin saber dónde pisa.
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Me gusta la gente que juega con las rayas de los pasos de cebra, la que te da los buenos días sin conocerte, la que te abre la puerta sin pensarlo, la que rompe protocolos porque siente más de lo que aparenta.
Me gusta la gente que ama a los niños, la que se hace pequeña para ponerse a su altura, la que se pone sus gafas para volver a creer, la que no ha olvidado lo que es sentir de verdad.

Me acuerdo de la primera vez que volé a Milán.
Íbamos mi hermana pequeña y yo solos, acompañados por un “chaqueta roja”, era enero y mis padres ya nos esperaban allí.
Yo llevaba el iPod Nano que me habían regalado por mi comunión, y mi hermana Lucía era la encargada de meterme las canciones. Recuerdo escuchar esta canción sin parar en los cascos mientras miraba por la ventanilla del avión.
Han pasado ya muchos años. Allí vivía mi prima Ana, y reconozco que esta ciudad nunca terminó de enamorarme. Quizá por la pena de pensar que ella vivía allí sola, tan lejos de la familia, aunque fuese feliz. Desde entonces, cada vez que volvía, veía Milán como una ciudad gris.
Y, sin embargo, este invierno, por primera vez, me enamoré de ella.Como si nunca antes la hubiese visto.
De sus calles, de sus edificios, de la mezcla entre la elegancia y el caos, de la gente bien vestida. Y por supuesto y muchos años antes… de su comida, que fue un flechazo a primera vista.
Aquel niño con su iPod Nano que miraba por la ventanilla del avión, jamás habría imaginado que algún día volvería a Milán de la mano de @emporioarmani

Me acuerdo de la primera vez que volé a Milán.
Íbamos mi hermana pequeña y yo solos, acompañados por un “chaqueta roja”, era enero y mis padres ya nos esperaban allí.
Yo llevaba el iPod Nano que me habían regalado por mi comunión, y mi hermana Lucía era la encargada de meterme las canciones. Recuerdo escuchar esta canción sin parar en los cascos mientras miraba por la ventanilla del avión.
Han pasado ya muchos años. Allí vivía mi prima Ana, y reconozco que esta ciudad nunca terminó de enamorarme. Quizá por la pena de pensar que ella vivía allí sola, tan lejos de la familia, aunque fuese feliz. Desde entonces, cada vez que volvía, veía Milán como una ciudad gris.
Y, sin embargo, este invierno, por primera vez, me enamoré de ella.Como si nunca antes la hubiese visto.
De sus calles, de sus edificios, de la mezcla entre la elegancia y el caos, de la gente bien vestida. Y por supuesto y muchos años antes… de su comida, que fue un flechazo a primera vista.
Aquel niño con su iPod Nano que miraba por la ventanilla del avión, jamás habría imaginado que algún día volvería a Milán de la mano de @emporioarmani

Me acuerdo de la primera vez que volé a Milán.
Íbamos mi hermana pequeña y yo solos, acompañados por un “chaqueta roja”, era enero y mis padres ya nos esperaban allí.
Yo llevaba el iPod Nano que me habían regalado por mi comunión, y mi hermana Lucía era la encargada de meterme las canciones. Recuerdo escuchar esta canción sin parar en los cascos mientras miraba por la ventanilla del avión.
Han pasado ya muchos años. Allí vivía mi prima Ana, y reconozco que esta ciudad nunca terminó de enamorarme. Quizá por la pena de pensar que ella vivía allí sola, tan lejos de la familia, aunque fuese feliz. Desde entonces, cada vez que volvía, veía Milán como una ciudad gris.
Y, sin embargo, este invierno, por primera vez, me enamoré de ella.Como si nunca antes la hubiese visto.
De sus calles, de sus edificios, de la mezcla entre la elegancia y el caos, de la gente bien vestida. Y por supuesto y muchos años antes… de su comida, que fue un flechazo a primera vista.
Aquel niño con su iPod Nano que miraba por la ventanilla del avión, jamás habría imaginado que algún día volvería a Milán de la mano de @emporioarmani

Me acuerdo de la primera vez que volé a Milán.
Íbamos mi hermana pequeña y yo solos, acompañados por un “chaqueta roja”, era enero y mis padres ya nos esperaban allí.
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Han pasado ya muchos años. Allí vivía mi prima Ana, y reconozco que esta ciudad nunca terminó de enamorarme. Quizá por la pena de pensar que ella vivía allí sola, tan lejos de la familia, aunque fuese feliz. Desde entonces, cada vez que volvía, veía Milán como una ciudad gris.
Y, sin embargo, este invierno, por primera vez, me enamoré de ella.Como si nunca antes la hubiese visto.
De sus calles, de sus edificios, de la mezcla entre la elegancia y el caos, de la gente bien vestida. Y por supuesto y muchos años antes… de su comida, que fue un flechazo a primera vista.
Aquel niño con su iPod Nano que miraba por la ventanilla del avión, jamás habría imaginado que algún día volvería a Milán de la mano de @emporioarmani

Me acuerdo de la primera vez que volé a Milán.
Íbamos mi hermana pequeña y yo solos, acompañados por un “chaqueta roja”, era enero y mis padres ya nos esperaban allí.
Yo llevaba el iPod Nano que me habían regalado por mi comunión, y mi hermana Lucía era la encargada de meterme las canciones. Recuerdo escuchar esta canción sin parar en los cascos mientras miraba por la ventanilla del avión.
Han pasado ya muchos años. Allí vivía mi prima Ana, y reconozco que esta ciudad nunca terminó de enamorarme. Quizá por la pena de pensar que ella vivía allí sola, tan lejos de la familia, aunque fuese feliz. Desde entonces, cada vez que volvía, veía Milán como una ciudad gris.
Y, sin embargo, este invierno, por primera vez, me enamoré de ella.Como si nunca antes la hubiese visto.
De sus calles, de sus edificios, de la mezcla entre la elegancia y el caos, de la gente bien vestida. Y por supuesto y muchos años antes… de su comida, que fue un flechazo a primera vista.
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Íbamos mi hermana pequeña y yo solos, acompañados por un “chaqueta roja”, era enero y mis padres ya nos esperaban allí.
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Y, sin embargo, este invierno, por primera vez, me enamoré de ella.Como si nunca antes la hubiese visto.
De sus calles, de sus edificios, de la mezcla entre la elegancia y el caos, de la gente bien vestida. Y por supuesto y muchos años antes… de su comida, que fue un flechazo a primera vista.
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Y, sin embargo, este invierno, por primera vez, me enamoré de ella.Como si nunca antes la hubiese visto.
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Y, sin embargo, este invierno, por primera vez, me enamoré de ella.Como si nunca antes la hubiese visto.
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Han pasado ya muchos años. Allí vivía mi prima Ana, y reconozco que esta ciudad nunca terminó de enamorarme. Quizá por la pena de pensar que ella vivía allí sola, tan lejos de la familia, aunque fuese feliz. Desde entonces, cada vez que volvía, veía Milán como una ciudad gris.
Y, sin embargo, este invierno, por primera vez, me enamoré de ella.Como si nunca antes la hubiese visto.
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Ayer vivimos una noche muy especial.
Recibir un premio siempre emociona, pero hacerlo en nuestra ciudad y de la mano de @elespanol2015 y @magasrevista lo hizo todavía más especial.
A veces uno siente vértigo al mirar atrás y darse cuenta de todo lo vivido. Porque detrás de cada fotografía, cada página, cada vídeo o cada proyecto, hay también muchos días difíciles, dudas, trabajo silencioso y un equipo y una familia detrás.
Madrid nos lo ha dado todo.
Aquí hemos crecido, nos hemos caído, hemos vuelto a empezar y también hemos aprendido que lo importante no es solo llegar, sino cómo decides hacerlo.
Gracias por este reconocimiento y gracias también a todas las personas que nos acompañáis cada día desde el otro lado.
Nada tendría sentido sin vosotros.

Ayer vivimos una noche muy especial.
Recibir un premio siempre emociona, pero hacerlo en nuestra ciudad y de la mano de @elespanol2015 y @magasrevista lo hizo todavía más especial.
A veces uno siente vértigo al mirar atrás y darse cuenta de todo lo vivido. Porque detrás de cada fotografía, cada página, cada vídeo o cada proyecto, hay también muchos días difíciles, dudas, trabajo silencioso y un equipo y una familia detrás.
Madrid nos lo ha dado todo.
Aquí hemos crecido, nos hemos caído, hemos vuelto a empezar y también hemos aprendido que lo importante no es solo llegar, sino cómo decides hacerlo.
Gracias por este reconocimiento y gracias también a todas las personas que nos acompañáis cada día desde el otro lado.
Nada tendría sentido sin vosotros.

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Madrid nos lo ha dado todo.
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Gracias por este reconocimiento y gracias también a todas las personas que nos acompañáis cada día desde el otro lado.
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Madrid nos lo ha dado todo.
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Gracias por este reconocimiento y gracias también a todas las personas que nos acompañáis cada día desde el otro lado.
Nada tendría sentido sin vosotros.

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Madrid nos lo ha dado todo.
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Ayer vivimos una noche muy especial.
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A veces uno siente vértigo al mirar atrás y darse cuenta de todo lo vivido. Porque detrás de cada fotografía, cada página, cada vídeo o cada proyecto, hay también muchos días difíciles, dudas, trabajo silencioso y un equipo y una familia detrás.
Madrid nos lo ha dado todo.
Aquí hemos crecido, nos hemos caído, hemos vuelto a empezar y también hemos aprendido que lo importante no es solo llegar, sino cómo decides hacerlo.
Gracias por este reconocimiento y gracias también a todas las personas que nos acompañáis cada día desde el otro lado.
Nada tendría sentido sin vosotros.

Ayer vivimos una noche muy especial.
Recibir un premio siempre emociona, pero hacerlo en nuestra ciudad y de la mano de @elespanol2015 y @magasrevista lo hizo todavía más especial.
A veces uno siente vértigo al mirar atrás y darse cuenta de todo lo vivido. Porque detrás de cada fotografía, cada página, cada vídeo o cada proyecto, hay también muchos días difíciles, dudas, trabajo silencioso y un equipo y una familia detrás.
Madrid nos lo ha dado todo.
Aquí hemos crecido, nos hemos caído, hemos vuelto a empezar y también hemos aprendido que lo importante no es solo llegar, sino cómo decides hacerlo.
Gracias por este reconocimiento y gracias también a todas las personas que nos acompañáis cada día desde el otro lado.
Nada tendría sentido sin vosotros.

Entrábamos en el colegio y le daba vergüenza darnos la mano. “Venga, que hoy es el último día, en un rato ya pasas de ser niño a hacerte mayor”, le dijimos medio en broma. Y aunque sonó a risa, en el fondo era verdad. Algo en él iba a cambiar para siempre, y de la forma más especial posible.
Fue un día emocionante de principio a fin. Un día lleno de nervios, nostalgia, incredulidad y también algunas lágrimas. Una misa sencilla y una homilía llena de mensajes para guardarse en el corazón. Y también muchos recuerdos de su llegada al mundo, que parece que fue ayer, y el vértigo de darse cuenta de lo rápido que pasa la vida y de cómo todo cambia.
Y sí, cayó un diluvio. Pero un diluvio de bendiciones, de amor y de toda esa gente que nos rodea, nos cuida y nos quiere. Ojalá nunca deje de llover así de fuerte en nuestra vida.
El sábado, desayunando, le leímos esta carta:
“Querido Tomi,
Hoy es un gran día, quizá el más importante de tu vida, aunque ahora aún no puedas entenderlo del todo.
La vida muchas veces será difícil, pero nunca olvides algo: Jesús siempre estará contigo. Siempre será tu luz y ese lugar seguro donde tu corazón encuentre paz.
Nunca te canses de buscarle, de hablarle y de contarle cómo te sientes, porque tu oración siempre es escuchada. Nunca estarás solo.
Sé feliz siempre. Tienes un corazón bueno y noble, y eso será una de las cosas más importantes de tu vida.
Nunca dejes de tender la mano a quien lo necesite. Abraza a quien esté solo. Y que tus ojos nunca sean indiferentes al dolor de los demás.
Eres el regalo de nuestra vida. Nunca olvides que Dios y tu familia te amamos con locura.
Hoy damos gracias a Dios por tu vida.”
Gracias por estas fotos tan bonitas @beagoiribasaldua que serán siempre el mejor recuerdo, y a ti @manodesantaweddings por ayudarnos tanto en este día.

Entrábamos en el colegio y le daba vergüenza darnos la mano. “Venga, que hoy es el último día, en un rato ya pasas de ser niño a hacerte mayor”, le dijimos medio en broma. Y aunque sonó a risa, en el fondo era verdad. Algo en él iba a cambiar para siempre, y de la forma más especial posible.
Fue un día emocionante de principio a fin. Un día lleno de nervios, nostalgia, incredulidad y también algunas lágrimas. Una misa sencilla y una homilía llena de mensajes para guardarse en el corazón. Y también muchos recuerdos de su llegada al mundo, que parece que fue ayer, y el vértigo de darse cuenta de lo rápido que pasa la vida y de cómo todo cambia.
Y sí, cayó un diluvio. Pero un diluvio de bendiciones, de amor y de toda esa gente que nos rodea, nos cuida y nos quiere. Ojalá nunca deje de llover así de fuerte en nuestra vida.
El sábado, desayunando, le leímos esta carta:
“Querido Tomi,
Hoy es un gran día, quizá el más importante de tu vida, aunque ahora aún no puedas entenderlo del todo.
La vida muchas veces será difícil, pero nunca olvides algo: Jesús siempre estará contigo. Siempre será tu luz y ese lugar seguro donde tu corazón encuentre paz.
Nunca te canses de buscarle, de hablarle y de contarle cómo te sientes, porque tu oración siempre es escuchada. Nunca estarás solo.
Sé feliz siempre. Tienes un corazón bueno y noble, y eso será una de las cosas más importantes de tu vida.
Nunca dejes de tender la mano a quien lo necesite. Abraza a quien esté solo. Y que tus ojos nunca sean indiferentes al dolor de los demás.
Eres el regalo de nuestra vida. Nunca olvides que Dios y tu familia te amamos con locura.
Hoy damos gracias a Dios por tu vida.”
Gracias por estas fotos tan bonitas @beagoiribasaldua que serán siempre el mejor recuerdo, y a ti @manodesantaweddings por ayudarnos tanto en este día.

Entrábamos en el colegio y le daba vergüenza darnos la mano. “Venga, que hoy es el último día, en un rato ya pasas de ser niño a hacerte mayor”, le dijimos medio en broma. Y aunque sonó a risa, en el fondo era verdad. Algo en él iba a cambiar para siempre, y de la forma más especial posible.
Fue un día emocionante de principio a fin. Un día lleno de nervios, nostalgia, incredulidad y también algunas lágrimas. Una misa sencilla y una homilía llena de mensajes para guardarse en el corazón. Y también muchos recuerdos de su llegada al mundo, que parece que fue ayer, y el vértigo de darse cuenta de lo rápido que pasa la vida y de cómo todo cambia.
Y sí, cayó un diluvio. Pero un diluvio de bendiciones, de amor y de toda esa gente que nos rodea, nos cuida y nos quiere. Ojalá nunca deje de llover así de fuerte en nuestra vida.
El sábado, desayunando, le leímos esta carta:
“Querido Tomi,
Hoy es un gran día, quizá el más importante de tu vida, aunque ahora aún no puedas entenderlo del todo.
La vida muchas veces será difícil, pero nunca olvides algo: Jesús siempre estará contigo. Siempre será tu luz y ese lugar seguro donde tu corazón encuentre paz.
Nunca te canses de buscarle, de hablarle y de contarle cómo te sientes, porque tu oración siempre es escuchada. Nunca estarás solo.
Sé feliz siempre. Tienes un corazón bueno y noble, y eso será una de las cosas más importantes de tu vida.
Nunca dejes de tender la mano a quien lo necesite. Abraza a quien esté solo. Y que tus ojos nunca sean indiferentes al dolor de los demás.
Eres el regalo de nuestra vida. Nunca olvides que Dios y tu familia te amamos con locura.
Hoy damos gracias a Dios por tu vida.”
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Entrábamos en el colegio y le daba vergüenza darnos la mano. “Venga, que hoy es el último día, en un rato ya pasas de ser niño a hacerte mayor”, le dijimos medio en broma. Y aunque sonó a risa, en el fondo era verdad. Algo en él iba a cambiar para siempre, y de la forma más especial posible.
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Y sí, cayó un diluvio. Pero un diluvio de bendiciones, de amor y de toda esa gente que nos rodea, nos cuida y nos quiere. Ojalá nunca deje de llover así de fuerte en nuestra vida.
El sábado, desayunando, le leímos esta carta:
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Hoy es un gran día, quizá el más importante de tu vida, aunque ahora aún no puedas entenderlo del todo.
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Nunca te canses de buscarle, de hablarle y de contarle cómo te sientes, porque tu oración siempre es escuchada. Nunca estarás solo.
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Nunca te canses de buscarle, de hablarle y de contarle cómo te sientes, porque tu oración siempre es escuchada. Nunca estarás solo.
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Y sí, cayó un diluvio. Pero un diluvio de bendiciones, de amor y de toda esa gente que nos rodea, nos cuida y nos quiere. Ojalá nunca deje de llover así de fuerte en nuestra vida.
El sábado, desayunando, le leímos esta carta:
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Eres el regalo de nuestra vida. Nunca olvides que Dios y tu familia te amamos con locura.
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Gracias por estas fotos tan bonitas @beagoiribasaldua que serán siempre el mejor recuerdo, y a ti @manodesantaweddings por ayudarnos tanto en este día.

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Y sí, cayó un diluvio. Pero un diluvio de bendiciones, de amor y de toda esa gente que nos rodea, nos cuida y nos quiere. Ojalá nunca deje de llover así de fuerte en nuestra vida.
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Eres el regalo de nuestra vida. Nunca olvides que Dios y tu familia te amamos con locura.
Hoy damos gracias a Dios por tu vida.”
Gracias por estas fotos tan bonitas @beagoiribasaldua que serán siempre el mejor recuerdo, y a ti @manodesantaweddings por ayudarnos tanto en este día.

Entrábamos en el colegio y le daba vergüenza darnos la mano. “Venga, que hoy es el último día, en un rato ya pasas de ser niño a hacerte mayor”, le dijimos medio en broma. Y aunque sonó a risa, en el fondo era verdad. Algo en él iba a cambiar para siempre, y de la forma más especial posible.
Fue un día emocionante de principio a fin. Un día lleno de nervios, nostalgia, incredulidad y también algunas lágrimas. Una misa sencilla y una homilía llena de mensajes para guardarse en el corazón. Y también muchos recuerdos de su llegada al mundo, que parece que fue ayer, y el vértigo de darse cuenta de lo rápido que pasa la vida y de cómo todo cambia.
Y sí, cayó un diluvio. Pero un diluvio de bendiciones, de amor y de toda esa gente que nos rodea, nos cuida y nos quiere. Ojalá nunca deje de llover así de fuerte en nuestra vida.
El sábado, desayunando, le leímos esta carta:
“Querido Tomi,
Hoy es un gran día, quizá el más importante de tu vida, aunque ahora aún no puedas entenderlo del todo.
La vida muchas veces será difícil, pero nunca olvides algo: Jesús siempre estará contigo. Siempre será tu luz y ese lugar seguro donde tu corazón encuentre paz.
Nunca te canses de buscarle, de hablarle y de contarle cómo te sientes, porque tu oración siempre es escuchada. Nunca estarás solo.
Sé feliz siempre. Tienes un corazón bueno y noble, y eso será una de las cosas más importantes de tu vida.
Nunca dejes de tender la mano a quien lo necesite. Abraza a quien esté solo. Y que tus ojos nunca sean indiferentes al dolor de los demás.
Eres el regalo de nuestra vida. Nunca olvides que Dios y tu familia te amamos con locura.
Hoy damos gracias a Dios por tu vida.”
Gracias por estas fotos tan bonitas @beagoiribasaldua que serán siempre el mejor recuerdo, y a ti @manodesantaweddings por ayudarnos tanto en este día.
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