Instagram Logo

osmanize

Osmani Reyes

En crecimiento. Lo demás, secundario.📚
Producer & Creative Director
Founder @i4_films |Host @encontrando_a_itaca
Dev. Pers. & Neuromarketing

30
posts
394
followers
1.4K
following

60
20
1 weeks ago


34
1
1 months ago

42
5
1 months ago

Proyecto 66 - 2.0


53
9
1 months ago

Ingeniería Interior — @sadhguru


32
11
1 months ago

Producción.


64
10
1 months ago

Producción.
Parte 3


29
4
3 months ago

Producción.
Parte 2


28
6
3 months ago


Producción.
Parte 1


44
13
3 months ago

Producción.

PD: El delantal que llevo es una obra de @flores.concept


65
18
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago


Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago


Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Proyecto 66.
Este proyecto no nació desde la ambición ni desde un plan brillante. Nació desde el cansancio de repetirme. Desde la necesidad de dejar de huir y cambiar algo más profundo que los hábitos: la identidad desde la que estaba viviendo.

Durante 66 días no busqué motivación ni resultados rápidos. Busqué coherencia. Dejar automatismos, desmontar mentiras cómodas, salir de formas de operar desde la carencia, la culpa o el ruido. No fue épico ni ordenado. Fue incómodo, silencioso y muy real.

El proyecto se sostuvo en tres etapas claras: desprogramación, reprogramación e integración. No como teoría, sino como experiencia vivida. Primero desmontar lo que ya no servía, luego instalar nuevas formas de operar y, finalmente, aprender a sostenerlas en lo cotidiano.

En el proceso se fueron cosas.
Personas, dinámicas, hábitos que ya no sostenían, formas de anestesiar, de postergar, de fingir que todo estaba bien. No mejores ni peores. De otra etapa.

También llegaron otras palabras, más firmes: criterio, amor propio, coherencia, responsabilidad emocional. Aprender a transitar duelos sin escapar, a sostener decisiones, a cumplir la palabra que me doy incluso cuando nadie mira y con ello velar más frontal por cumplir la palabra dada. Sin miedo, sin culpa, sin vergüenza.

El primer día fue aceptar que algo tenía que cambiar.
El último no se sintió como una meta. Se sintió como fidelidad.

Hoy no me siento resuelto. Me siento distinto. Más presente, más claro, más honesto conmigo. Esto no cierra un camino, marca un punto donde ya no se puede fingir igual.

Por eso hoy desarchivo, por un tiempo, el post de los zapatos de flores: como recordatorio del camino recorrido. Como todo archivo, algún día volverá a guardarse. No porque pierda valor, sino porque ya habrá cumplido su función.

Agradezco el recorrido, incluso lo que dolió; lo que fue, lo que ya no es y lo que empieza a tomar forma. Cierro una etapa con respeto y abro la siguiente con criterio. Me siento orgulloso del hombre que está naciendo, más consciente, capaz de abrazar sin temor sus propios fantasmas. Sé que no estoy solo, y por eso también, gracias.


39
8
3 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago

Bembé by @danieladarlin

Directed by @thekrakentheory
Dop: @johnnylion
Producer: @osmanize
MUA: @polifronii_mua
CameraOp: @bspfilms


134
34
4 months ago


Story Save - Il miglior strumento gratuito per salvare Storie, Reels, Foto, Video, Highlights, IGTV sul tuo dispositivo.

Story-save.com è un tool online intuitivo che permette agli utenti di scaricare e salvare diversi tipi di contenuti, incluse storie, foto, video e materiali IGTV direttamente da Instagram. Con Story-Save puoi scaricare facilmente contenuti vari e guardarli comodamente, anche senza connessione internet. Questo strumento è perfetto quando trovi qualcosa di interessante su Instagram e vuoi salvarlo per visualizzarlo in seguito. Usa Story-Save per non perdere mai i tuoi momenti preferiti su Instagram!

I nostri vantaggi:

Nessuna Registrazione Necessaria

Evita download di app e registrazioni, salva storie direttamente online.

Qualità Esclusiva

Dì addio ai contenuti di bassa qualità, conserva solo storie in alta risoluzione.

Accessibile su Tutti i Dispositivi

Scarica le Storie di Instagram usando qualsiasi browser, su iPhone o Android.

Completamente Gratuito

Assolutamente senza costi. Scarica qualsiasi storia gratuitamente.

Domande Frequenti

La funzione di Download Storie di Instagram offre un metodo sicuro e di alta qualità per scaricare le storie. È facile da usare e non richiede registrazioni. Basta copiare il link, incollarlo e goderti il contenuto.
Scaricare le storie di Instagram è semplice:
  • 1. Vai allo strumento di Download Storie di Instagram.
  • 2. Inserisci il nome utente del profilo Instagram e clicca su Scarica.
  • 3. Visualizza le storie disponibili per le ultime 24 ore, seleziona quelle che desideri e premi Scarica.
Le storie selezionate saranno salvate rapidamente nella memoria locale del tuo dispositivo.
Purtroppo non è possibile scaricare storie da account privati per motivi di privacy.
Non ci sono limiti al numero di storie che puoi scaricare. Il servizio è illimitato e completamente gratuito.
Sì, è legale scaricare e salvare le storie, purché non siano usate a scopi commerciali. Per usi commerciali, serve l'autorizzazione del proprietario originale e va accreditato ogni utilizzo.
Le storie scaricate vengono salvate nella cartella Download del tuo dispositivo, sia esso Windows, Mac o iOS. Su dispositivi mobili, appariranno anche nella tua app Galleria.