
Hoy cumplo 38 años. Soy Tauro, el signo que sabe que sin placer la vida sería un error.
Hoy me escribo a mí mismo. Lo que en un principio puede parecer un ejercicio narcisista y egocentrista es, simplemente, una forma de terapia.
Porque sí, esta red absolutamente alienante se ha convertido para mí en una especie de consulta psicológica.
Cumplo 38 años y no puede decirse que en mi mejor momento. Pienso en donde estaba un día como hoy hace dos años y la tristeza me atropella. Hoy es el cumpleaños más triste de mi vida, al igual que el anterior, porque algo dentro de mí sabía que sería el último con ella.
Hoy solo pienso en su llamada, la que no voy a recibir a la hora exacta en la que me pusieron en sus brazos. Y eso, me vuelve loco, me desarma. La sensación de orfandad es algo terrorífico: el desamparo, la infancia que resuena y golpea en cada esquina de esta casa.
Ha sido un año de crecer, de aprender, de caminar entre universos en ruinas (a veces hacia adelante, demasiadas veces hacia atrás); un tiempo para despedirme del niño y que se marchó con ella.
Es tan difícil cuando una parte de ti quiere soltar,pero a la vez la otra no tiene de dónde agarrarse. No lo puedo evitar, pero no quiero seguir atrapado en mi propio incendio.
Y la más importante: ¿no tendría que hacer las paces conmigo primero? Por lo que hice, por lo que no hice y por lo que podría haber hecho.
Será que es necesario hacer inventario: daños colaterales y demás consecuencias de estos tiempos convulsos. Será que, para acompañarse a uno mismo, primero hay que abrazarse. Entender que la sensibilidad hay que aprender a cuidarla y a darle lugar para que no nos lleve por delante. Aprovechar para despedirnos del error que más tiempo llevamos cometiendo: habernos soltado la propia mano.
No puedo olvidarme de todas las personas que han sido (y son) mi muleta durante este año, porque ellas son la gasolina que me permiten seguir amando estar vivo. Seguir creyendo que el único camino es el amor.
Querido Enzo: deseo que recuperes la alegría - la alegría que perdiste - y luches por encontrar una nueva. Distinta. (SIGUE)

Hoy cumplo 38 años. Soy Tauro, el signo que sabe que sin placer la vida sería un error.
Hoy me escribo a mí mismo. Lo que en un principio puede parecer un ejercicio narcisista y egocentrista es, simplemente, una forma de terapia.
Porque sí, esta red absolutamente alienante se ha convertido para mí en una especie de consulta psicológica.
Cumplo 38 años y no puede decirse que en mi mejor momento. Pienso en donde estaba un día como hoy hace dos años y la tristeza me atropella. Hoy es el cumpleaños más triste de mi vida, al igual que el anterior, porque algo dentro de mí sabía que sería el último con ella.
Hoy solo pienso en su llamada, la que no voy a recibir a la hora exacta en la que me pusieron en sus brazos. Y eso, me vuelve loco, me desarma. La sensación de orfandad es algo terrorífico: el desamparo, la infancia que resuena y golpea en cada esquina de esta casa.
Ha sido un año de crecer, de aprender, de caminar entre universos en ruinas (a veces hacia adelante, demasiadas veces hacia atrás); un tiempo para despedirme del niño y que se marchó con ella.
Es tan difícil cuando una parte de ti quiere soltar,pero a la vez la otra no tiene de dónde agarrarse. No lo puedo evitar, pero no quiero seguir atrapado en mi propio incendio.
Y la más importante: ¿no tendría que hacer las paces conmigo primero? Por lo que hice, por lo que no hice y por lo que podría haber hecho.
Será que es necesario hacer inventario: daños colaterales y demás consecuencias de estos tiempos convulsos. Será que, para acompañarse a uno mismo, primero hay que abrazarse. Entender que la sensibilidad hay que aprender a cuidarla y a darle lugar para que no nos lleve por delante. Aprovechar para despedirnos del error que más tiempo llevamos cometiendo: habernos soltado la propia mano.
No puedo olvidarme de todas las personas que han sido (y son) mi muleta durante este año, porque ellas son la gasolina que me permiten seguir amando estar vivo. Seguir creyendo que el único camino es el amor.
Querido Enzo: deseo que recuperes la alegría - la alegría que perdiste - y luches por encontrar una nueva. Distinta. (SIGUE)

Hoy cumplo 38 años. Soy Tauro, el signo que sabe que sin placer la vida sería un error.
Hoy me escribo a mí mismo. Lo que en un principio puede parecer un ejercicio narcisista y egocentrista es, simplemente, una forma de terapia.
Porque sí, esta red absolutamente alienante se ha convertido para mí en una especie de consulta psicológica.
Cumplo 38 años y no puede decirse que en mi mejor momento. Pienso en donde estaba un día como hoy hace dos años y la tristeza me atropella. Hoy es el cumpleaños más triste de mi vida, al igual que el anterior, porque algo dentro de mí sabía que sería el último con ella.
Hoy solo pienso en su llamada, la que no voy a recibir a la hora exacta en la que me pusieron en sus brazos. Y eso, me vuelve loco, me desarma. La sensación de orfandad es algo terrorífico: el desamparo, la infancia que resuena y golpea en cada esquina de esta casa.
Ha sido un año de crecer, de aprender, de caminar entre universos en ruinas (a veces hacia adelante, demasiadas veces hacia atrás); un tiempo para despedirme del niño y que se marchó con ella.
Es tan difícil cuando una parte de ti quiere soltar,pero a la vez la otra no tiene de dónde agarrarse. No lo puedo evitar, pero no quiero seguir atrapado en mi propio incendio.
Y la más importante: ¿no tendría que hacer las paces conmigo primero? Por lo que hice, por lo que no hice y por lo que podría haber hecho.
Será que es necesario hacer inventario: daños colaterales y demás consecuencias de estos tiempos convulsos. Será que, para acompañarse a uno mismo, primero hay que abrazarse. Entender que la sensibilidad hay que aprender a cuidarla y a darle lugar para que no nos lleve por delante. Aprovechar para despedirnos del error que más tiempo llevamos cometiendo: habernos soltado la propia mano.
No puedo olvidarme de todas las personas que han sido (y son) mi muleta durante este año, porque ellas son la gasolina que me permiten seguir amando estar vivo. Seguir creyendo que el único camino es el amor.
Querido Enzo: deseo que recuperes la alegría - la alegría que perdiste - y luches por encontrar una nueva. Distinta. (SIGUE)

Hoy cumplo 38 años. Soy Tauro, el signo que sabe que sin placer la vida sería un error.
Hoy me escribo a mí mismo. Lo que en un principio puede parecer un ejercicio narcisista y egocentrista es, simplemente, una forma de terapia.
Porque sí, esta red absolutamente alienante se ha convertido para mí en una especie de consulta psicológica.
Cumplo 38 años y no puede decirse que en mi mejor momento. Pienso en donde estaba un día como hoy hace dos años y la tristeza me atropella. Hoy es el cumpleaños más triste de mi vida, al igual que el anterior, porque algo dentro de mí sabía que sería el último con ella.
Hoy solo pienso en su llamada, la que no voy a recibir a la hora exacta en la que me pusieron en sus brazos. Y eso, me vuelve loco, me desarma. La sensación de orfandad es algo terrorífico: el desamparo, la infancia que resuena y golpea en cada esquina de esta casa.
Ha sido un año de crecer, de aprender, de caminar entre universos en ruinas (a veces hacia adelante, demasiadas veces hacia atrás); un tiempo para despedirme del niño y que se marchó con ella.
Es tan difícil cuando una parte de ti quiere soltar,pero a la vez la otra no tiene de dónde agarrarse. No lo puedo evitar, pero no quiero seguir atrapado en mi propio incendio.
Y la más importante: ¿no tendría que hacer las paces conmigo primero? Por lo que hice, por lo que no hice y por lo que podría haber hecho.
Será que es necesario hacer inventario: daños colaterales y demás consecuencias de estos tiempos convulsos. Será que, para acompañarse a uno mismo, primero hay que abrazarse. Entender que la sensibilidad hay que aprender a cuidarla y a darle lugar para que no nos lleve por delante. Aprovechar para despedirnos del error que más tiempo llevamos cometiendo: habernos soltado la propia mano.
No puedo olvidarme de todas las personas que han sido (y son) mi muleta durante este año, porque ellas son la gasolina que me permiten seguir amando estar vivo. Seguir creyendo que el único camino es el amor.
Querido Enzo: deseo que recuperes la alegría - la alegría que perdiste - y luches por encontrar una nueva. Distinta. (SIGUE)

Hoy cumplo 38 años. Soy Tauro, el signo que sabe que sin placer la vida sería un error.
Hoy me escribo a mí mismo. Lo que en un principio puede parecer un ejercicio narcisista y egocentrista es, simplemente, una forma de terapia.
Porque sí, esta red absolutamente alienante se ha convertido para mí en una especie de consulta psicológica.
Cumplo 38 años y no puede decirse que en mi mejor momento. Pienso en donde estaba un día como hoy hace dos años y la tristeza me atropella. Hoy es el cumpleaños más triste de mi vida, al igual que el anterior, porque algo dentro de mí sabía que sería el último con ella.
Hoy solo pienso en su llamada, la que no voy a recibir a la hora exacta en la que me pusieron en sus brazos. Y eso, me vuelve loco, me desarma. La sensación de orfandad es algo terrorífico: el desamparo, la infancia que resuena y golpea en cada esquina de esta casa.
Ha sido un año de crecer, de aprender, de caminar entre universos en ruinas (a veces hacia adelante, demasiadas veces hacia atrás); un tiempo para despedirme del niño y que se marchó con ella.
Es tan difícil cuando una parte de ti quiere soltar,pero a la vez la otra no tiene de dónde agarrarse. No lo puedo evitar, pero no quiero seguir atrapado en mi propio incendio.
Y la más importante: ¿no tendría que hacer las paces conmigo primero? Por lo que hice, por lo que no hice y por lo que podría haber hecho.
Será que es necesario hacer inventario: daños colaterales y demás consecuencias de estos tiempos convulsos. Será que, para acompañarse a uno mismo, primero hay que abrazarse. Entender que la sensibilidad hay que aprender a cuidarla y a darle lugar para que no nos lleve por delante. Aprovechar para despedirnos del error que más tiempo llevamos cometiendo: habernos soltado la propia mano.
No puedo olvidarme de todas las personas que han sido (y son) mi muleta durante este año, porque ellas son la gasolina que me permiten seguir amando estar vivo. Seguir creyendo que el único camino es el amor.
Querido Enzo: deseo que recuperes la alegría - la alegría que perdiste - y luches por encontrar una nueva. Distinta. (SIGUE)

Hoy cumplo 38 años. Soy Tauro, el signo que sabe que sin placer la vida sería un error.
Hoy me escribo a mí mismo. Lo que en un principio puede parecer un ejercicio narcisista y egocentrista es, simplemente, una forma de terapia.
Porque sí, esta red absolutamente alienante se ha convertido para mí en una especie de consulta psicológica.
Cumplo 38 años y no puede decirse que en mi mejor momento. Pienso en donde estaba un día como hoy hace dos años y la tristeza me atropella. Hoy es el cumpleaños más triste de mi vida, al igual que el anterior, porque algo dentro de mí sabía que sería el último con ella.
Hoy solo pienso en su llamada, la que no voy a recibir a la hora exacta en la que me pusieron en sus brazos. Y eso, me vuelve loco, me desarma. La sensación de orfandad es algo terrorífico: el desamparo, la infancia que resuena y golpea en cada esquina de esta casa.
Ha sido un año de crecer, de aprender, de caminar entre universos en ruinas (a veces hacia adelante, demasiadas veces hacia atrás); un tiempo para despedirme del niño y que se marchó con ella.
Es tan difícil cuando una parte de ti quiere soltar,pero a la vez la otra no tiene de dónde agarrarse. No lo puedo evitar, pero no quiero seguir atrapado en mi propio incendio.
Y la más importante: ¿no tendría que hacer las paces conmigo primero? Por lo que hice, por lo que no hice y por lo que podría haber hecho.
Será que es necesario hacer inventario: daños colaterales y demás consecuencias de estos tiempos convulsos. Será que, para acompañarse a uno mismo, primero hay que abrazarse. Entender que la sensibilidad hay que aprender a cuidarla y a darle lugar para que no nos lleve por delante. Aprovechar para despedirnos del error que más tiempo llevamos cometiendo: habernos soltado la propia mano.
No puedo olvidarme de todas las personas que han sido (y son) mi muleta durante este año, porque ellas son la gasolina que me permiten seguir amando estar vivo. Seguir creyendo que el único camino es el amor.
Querido Enzo: deseo que recuperes la alegría - la alegría que perdiste - y luches por encontrar una nueva. Distinta. (SIGUE)

Hoy cumplo 38 años. Soy Tauro, el signo que sabe que sin placer la vida sería un error.
Hoy me escribo a mí mismo. Lo que en un principio puede parecer un ejercicio narcisista y egocentrista es, simplemente, una forma de terapia.
Porque sí, esta red absolutamente alienante se ha convertido para mí en una especie de consulta psicológica.
Cumplo 38 años y no puede decirse que en mi mejor momento. Pienso en donde estaba un día como hoy hace dos años y la tristeza me atropella. Hoy es el cumpleaños más triste de mi vida, al igual que el anterior, porque algo dentro de mí sabía que sería el último con ella.
Hoy solo pienso en su llamada, la que no voy a recibir a la hora exacta en la que me pusieron en sus brazos. Y eso, me vuelve loco, me desarma. La sensación de orfandad es algo terrorífico: el desamparo, la infancia que resuena y golpea en cada esquina de esta casa.
Ha sido un año de crecer, de aprender, de caminar entre universos en ruinas (a veces hacia adelante, demasiadas veces hacia atrás); un tiempo para despedirme del niño y que se marchó con ella.
Es tan difícil cuando una parte de ti quiere soltar,pero a la vez la otra no tiene de dónde agarrarse. No lo puedo evitar, pero no quiero seguir atrapado en mi propio incendio.
Y la más importante: ¿no tendría que hacer las paces conmigo primero? Por lo que hice, por lo que no hice y por lo que podría haber hecho.
Será que es necesario hacer inventario: daños colaterales y demás consecuencias de estos tiempos convulsos. Será que, para acompañarse a uno mismo, primero hay que abrazarse. Entender que la sensibilidad hay que aprender a cuidarla y a darle lugar para que no nos lleve por delante. Aprovechar para despedirnos del error que más tiempo llevamos cometiendo: habernos soltado la propia mano.
No puedo olvidarme de todas las personas que han sido (y son) mi muleta durante este año, porque ellas son la gasolina que me permiten seguir amando estar vivo. Seguir creyendo que el único camino es el amor.
Querido Enzo: deseo que recuperes la alegría - la alegría que perdiste - y luches por encontrar una nueva. Distinta. (SIGUE)

Hoy cumplo 38 años. Soy Tauro, el signo que sabe que sin placer la vida sería un error.
Hoy me escribo a mí mismo. Lo que en un principio puede parecer un ejercicio narcisista y egocentrista es, simplemente, una forma de terapia.
Porque sí, esta red absolutamente alienante se ha convertido para mí en una especie de consulta psicológica.
Cumplo 38 años y no puede decirse que en mi mejor momento. Pienso en donde estaba un día como hoy hace dos años y la tristeza me atropella. Hoy es el cumpleaños más triste de mi vida, al igual que el anterior, porque algo dentro de mí sabía que sería el último con ella.
Hoy solo pienso en su llamada, la que no voy a recibir a la hora exacta en la que me pusieron en sus brazos. Y eso, me vuelve loco, me desarma. La sensación de orfandad es algo terrorífico: el desamparo, la infancia que resuena y golpea en cada esquina de esta casa.
Ha sido un año de crecer, de aprender, de caminar entre universos en ruinas (a veces hacia adelante, demasiadas veces hacia atrás); un tiempo para despedirme del niño y que se marchó con ella.
Es tan difícil cuando una parte de ti quiere soltar,pero a la vez la otra no tiene de dónde agarrarse. No lo puedo evitar, pero no quiero seguir atrapado en mi propio incendio.
Y la más importante: ¿no tendría que hacer las paces conmigo primero? Por lo que hice, por lo que no hice y por lo que podría haber hecho.
Será que es necesario hacer inventario: daños colaterales y demás consecuencias de estos tiempos convulsos. Será que, para acompañarse a uno mismo, primero hay que abrazarse. Entender que la sensibilidad hay que aprender a cuidarla y a darle lugar para que no nos lleve por delante. Aprovechar para despedirnos del error que más tiempo llevamos cometiendo: habernos soltado la propia mano.
No puedo olvidarme de todas las personas que han sido (y son) mi muleta durante este año, porque ellas son la gasolina que me permiten seguir amando estar vivo. Seguir creyendo que el único camino es el amor.
Querido Enzo: deseo que recuperes la alegría - la alegría que perdiste - y luches por encontrar una nueva. Distinta. (SIGUE)

Hoy cumplo 38 años. Soy Tauro, el signo que sabe que sin placer la vida sería un error.
Hoy me escribo a mí mismo. Lo que en un principio puede parecer un ejercicio narcisista y egocentrista es, simplemente, una forma de terapia.
Porque sí, esta red absolutamente alienante se ha convertido para mí en una especie de consulta psicológica.
Cumplo 38 años y no puede decirse que en mi mejor momento. Pienso en donde estaba un día como hoy hace dos años y la tristeza me atropella. Hoy es el cumpleaños más triste de mi vida, al igual que el anterior, porque algo dentro de mí sabía que sería el último con ella.
Hoy solo pienso en su llamada, la que no voy a recibir a la hora exacta en la que me pusieron en sus brazos. Y eso, me vuelve loco, me desarma. La sensación de orfandad es algo terrorífico: el desamparo, la infancia que resuena y golpea en cada esquina de esta casa.
Ha sido un año de crecer, de aprender, de caminar entre universos en ruinas (a veces hacia adelante, demasiadas veces hacia atrás); un tiempo para despedirme del niño y que se marchó con ella.
Es tan difícil cuando una parte de ti quiere soltar,pero a la vez la otra no tiene de dónde agarrarse. No lo puedo evitar, pero no quiero seguir atrapado en mi propio incendio.
Y la más importante: ¿no tendría que hacer las paces conmigo primero? Por lo que hice, por lo que no hice y por lo que podría haber hecho.
Será que es necesario hacer inventario: daños colaterales y demás consecuencias de estos tiempos convulsos. Será que, para acompañarse a uno mismo, primero hay que abrazarse. Entender que la sensibilidad hay que aprender a cuidarla y a darle lugar para que no nos lleve por delante. Aprovechar para despedirnos del error que más tiempo llevamos cometiendo: habernos soltado la propia mano.
No puedo olvidarme de todas las personas que han sido (y son) mi muleta durante este año, porque ellas son la gasolina que me permiten seguir amando estar vivo. Seguir creyendo que el único camino es el amor.
Querido Enzo: deseo que recuperes la alegría - la alegría que perdiste - y luches por encontrar una nueva. Distinta. (SIGUE)

Hoy cumplo 38 años. Soy Tauro, el signo que sabe que sin placer la vida sería un error.
Hoy me escribo a mí mismo. Lo que en un principio puede parecer un ejercicio narcisista y egocentrista es, simplemente, una forma de terapia.
Porque sí, esta red absolutamente alienante se ha convertido para mí en una especie de consulta psicológica.
Cumplo 38 años y no puede decirse que en mi mejor momento. Pienso en donde estaba un día como hoy hace dos años y la tristeza me atropella. Hoy es el cumpleaños más triste de mi vida, al igual que el anterior, porque algo dentro de mí sabía que sería el último con ella.
Hoy solo pienso en su llamada, la que no voy a recibir a la hora exacta en la que me pusieron en sus brazos. Y eso, me vuelve loco, me desarma. La sensación de orfandad es algo terrorífico: el desamparo, la infancia que resuena y golpea en cada esquina de esta casa.
Ha sido un año de crecer, de aprender, de caminar entre universos en ruinas (a veces hacia adelante, demasiadas veces hacia atrás); un tiempo para despedirme del niño y que se marchó con ella.
Es tan difícil cuando una parte de ti quiere soltar,pero a la vez la otra no tiene de dónde agarrarse. No lo puedo evitar, pero no quiero seguir atrapado en mi propio incendio.
Y la más importante: ¿no tendría que hacer las paces conmigo primero? Por lo que hice, por lo que no hice y por lo que podría haber hecho.
Será que es necesario hacer inventario: daños colaterales y demás consecuencias de estos tiempos convulsos. Será que, para acompañarse a uno mismo, primero hay que abrazarse. Entender que la sensibilidad hay que aprender a cuidarla y a darle lugar para que no nos lleve por delante. Aprovechar para despedirnos del error que más tiempo llevamos cometiendo: habernos soltado la propia mano.
No puedo olvidarme de todas las personas que han sido (y son) mi muleta durante este año, porque ellas son la gasolina que me permiten seguir amando estar vivo. Seguir creyendo que el único camino es el amor.
Querido Enzo: deseo que recuperes la alegría - la alegría que perdiste - y luches por encontrar una nueva. Distinta. (SIGUE)

Feliz cumpleaños, amor de mi vida.
Hoy no puedo llamarte, ni tocarte, ni besarte. Ni mirarte a los ojos. Ya no hay razón, no hay lugar seguro, no hay flores ni abrazos. Ya no hay la palabra adecuada, precisa en el momento justo cuando me falta el aliento.
Ojalá pudiera felicitarte, ojalá poder volver a abrazarte. Ojalá hubiesen sido muchos cumpleaños más. Ojalá hoy estar contigo como cada año, contemplándote, besarte, paseando cogidos de la mano.
Pasarán los años, las estaciones, el mundo seguirá girando y todo cambiará, pero nada podrá con la memoria de lo que tuvimos.
Te nombro todos los días e intento recordarte con alegría, porque fue tan bonito vivir contigo que, al marcharte, una parte muy grande de mí se fue contigo ese día.
La herida más profunda de mi vida. Te echo de menos y no he parado ni un segundo de pensar en ti.
Feliz cumpleaños, mami. Mi vida. Sigo por ti.
No existe el olvido 💔

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
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La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Puede que no tenga victorias notables; pero puedo sorprenderte con las derrotas a las que logré sobrevivir.
-Antón Chéjov
Hay que seguir viviendo, a pesar de los mundos caídos y el sabor a derrota. A este tiempo desamorado solo se le enfrenta con afecto. Aún sintiendo fuerte la fragilidad que gritan los cuerpos. O tal vez precisamente por eso.
La soberanía de lo propio necesita, primero de todo, ganas de estar con unx mismx. Entrenar el talento de curarse las heridas y en simultáneo seguir alimentando a ese que sigue teniendo deseo por lo que pasa afuera. No culpar a los yoes del pasado, mejor darles un abrazo e invitarlos a ser testigos del camino.
Mejor nos damos el derecho a una vida en la que es posible experimentar, incluso tropezarse y caerse, sin soltarnos la propia mano. Siendo firmes y gentiles y respetando el camino que venimos pisando. Te deseo que te acompañes, que seas para ti el tipo de persona imprescindible, esa que se nota cuando no está. Te será imposible avanzar si no encuentras la forma de abrazarte, especialmente cuando las cosas no salieron como esperabas. Al fin y al cabo, no eres ni mas ni menos que el tiempo que te queda. No te dejes para después.

Cuando el destino se pone austero, sale al rescate lo verdadero.
Valentín Oliva, Wos
Me llegó una invitación al baile de desear lo posible.
Estoy cansado, pero igual puedo sentir una voz interna que quiere seguir acomodando la estantería. Debe ser porque intuyo que estos tiempos sólo se atraviesan con autosostén, que de repente me dieron ganas de hacer bien las cosas.
Qué es bien, y qué cosas, me pregunto.
No sé qué responderme más allá de que estoy dispuesto a hacer lo necesario.
Atrevernos a mirar los desafíos que tenemos enfrente con confianza en los talentos que hemos ido adquiriendo en el viaje de la vida es la única manera de ser libres, porque los obstáculos no desaparecen cuando no los miramos. Cambia bastante el cuento cuando nos responsabilizamos y asumimos la tarea de, leyendo la realidad, lograr una vida más plena.
Soy el primero que sabe que está difícil y que esto se parece a un doctorado en supervivencia extrema.
Igual puedo escuchar una voz interna que no está dispuesta a dejarse vencer por las circunstancias.
Tampoco a dejarse la salud en la batalla.
¿Como se logra? No lo sé.
Solo sé que he decidido que por más largo que sea este desierto, no voy a morir de sed.
P.D: Gracias a todas las personas que me han salvado la vida este año. Nunca podré agradecer todo lo que habéis hecho por mí 🙏🏼❤️🩹

Cuando el destino se pone austero, sale al rescate lo verdadero.
Valentín Oliva, Wos
Me llegó una invitación al baile de desear lo posible.
Estoy cansado, pero igual puedo sentir una voz interna que quiere seguir acomodando la estantería. Debe ser porque intuyo que estos tiempos sólo se atraviesan con autosostén, que de repente me dieron ganas de hacer bien las cosas.
Qué es bien, y qué cosas, me pregunto.
No sé qué responderme más allá de que estoy dispuesto a hacer lo necesario.
Atrevernos a mirar los desafíos que tenemos enfrente con confianza en los talentos que hemos ido adquiriendo en el viaje de la vida es la única manera de ser libres, porque los obstáculos no desaparecen cuando no los miramos. Cambia bastante el cuento cuando nos responsabilizamos y asumimos la tarea de, leyendo la realidad, lograr una vida más plena.
Soy el primero que sabe que está difícil y que esto se parece a un doctorado en supervivencia extrema.
Igual puedo escuchar una voz interna que no está dispuesta a dejarse vencer por las circunstancias.
Tampoco a dejarse la salud en la batalla.
¿Como se logra? No lo sé.
Solo sé que he decidido que por más largo que sea este desierto, no voy a morir de sed.
P.D: Gracias a todas las personas que me han salvado la vida este año. Nunca podré agradecer todo lo que habéis hecho por mí 🙏🏼❤️🩹

Cuando el destino se pone austero, sale al rescate lo verdadero.
Valentín Oliva, Wos
Me llegó una invitación al baile de desear lo posible.
Estoy cansado, pero igual puedo sentir una voz interna que quiere seguir acomodando la estantería. Debe ser porque intuyo que estos tiempos sólo se atraviesan con autosostén, que de repente me dieron ganas de hacer bien las cosas.
Qué es bien, y qué cosas, me pregunto.
No sé qué responderme más allá de que estoy dispuesto a hacer lo necesario.
Atrevernos a mirar los desafíos que tenemos enfrente con confianza en los talentos que hemos ido adquiriendo en el viaje de la vida es la única manera de ser libres, porque los obstáculos no desaparecen cuando no los miramos. Cambia bastante el cuento cuando nos responsabilizamos y asumimos la tarea de, leyendo la realidad, lograr una vida más plena.
Soy el primero que sabe que está difícil y que esto se parece a un doctorado en supervivencia extrema.
Igual puedo escuchar una voz interna que no está dispuesta a dejarse vencer por las circunstancias.
Tampoco a dejarse la salud en la batalla.
¿Como se logra? No lo sé.
Solo sé que he decidido que por más largo que sea este desierto, no voy a morir de sed.
P.D: Gracias a todas las personas que me han salvado la vida este año. Nunca podré agradecer todo lo que habéis hecho por mí 🙏🏼❤️🩹

Cuando el destino se pone austero, sale al rescate lo verdadero.
Valentín Oliva, Wos
Me llegó una invitación al baile de desear lo posible.
Estoy cansado, pero igual puedo sentir una voz interna que quiere seguir acomodando la estantería. Debe ser porque intuyo que estos tiempos sólo se atraviesan con autosostén, que de repente me dieron ganas de hacer bien las cosas.
Qué es bien, y qué cosas, me pregunto.
No sé qué responderme más allá de que estoy dispuesto a hacer lo necesario.
Atrevernos a mirar los desafíos que tenemos enfrente con confianza en los talentos que hemos ido adquiriendo en el viaje de la vida es la única manera de ser libres, porque los obstáculos no desaparecen cuando no los miramos. Cambia bastante el cuento cuando nos responsabilizamos y asumimos la tarea de, leyendo la realidad, lograr una vida más plena.
Soy el primero que sabe que está difícil y que esto se parece a un doctorado en supervivencia extrema.
Igual puedo escuchar una voz interna que no está dispuesta a dejarse vencer por las circunstancias.
Tampoco a dejarse la salud en la batalla.
¿Como se logra? No lo sé.
Solo sé que he decidido que por más largo que sea este desierto, no voy a morir de sed.
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Cuando el destino se pone austero, sale al rescate lo verdadero.
Valentín Oliva, Wos
Me llegó una invitación al baile de desear lo posible.
Estoy cansado, pero igual puedo sentir una voz interna que quiere seguir acomodando la estantería. Debe ser porque intuyo que estos tiempos sólo se atraviesan con autosostén, que de repente me dieron ganas de hacer bien las cosas.
Qué es bien, y qué cosas, me pregunto.
No sé qué responderme más allá de que estoy dispuesto a hacer lo necesario.
Atrevernos a mirar los desafíos que tenemos enfrente con confianza en los talentos que hemos ido adquiriendo en el viaje de la vida es la única manera de ser libres, porque los obstáculos no desaparecen cuando no los miramos. Cambia bastante el cuento cuando nos responsabilizamos y asumimos la tarea de, leyendo la realidad, lograr una vida más plena.
Soy el primero que sabe que está difícil y que esto se parece a un doctorado en supervivencia extrema.
Igual puedo escuchar una voz interna que no está dispuesta a dejarse vencer por las circunstancias.
Tampoco a dejarse la salud en la batalla.
¿Como se logra? No lo sé.
Solo sé que he decidido que por más largo que sea este desierto, no voy a morir de sed.
P.D: Gracias a todas las personas que me han salvado la vida este año. Nunca podré agradecer todo lo que habéis hecho por mí 🙏🏼❤️🩹

Cuando el destino se pone austero, sale al rescate lo verdadero.
Valentín Oliva, Wos
Me llegó una invitación al baile de desear lo posible.
Estoy cansado, pero igual puedo sentir una voz interna que quiere seguir acomodando la estantería. Debe ser porque intuyo que estos tiempos sólo se atraviesan con autosostén, que de repente me dieron ganas de hacer bien las cosas.
Qué es bien, y qué cosas, me pregunto.
No sé qué responderme más allá de que estoy dispuesto a hacer lo necesario.
Atrevernos a mirar los desafíos que tenemos enfrente con confianza en los talentos que hemos ido adquiriendo en el viaje de la vida es la única manera de ser libres, porque los obstáculos no desaparecen cuando no los miramos. Cambia bastante el cuento cuando nos responsabilizamos y asumimos la tarea de, leyendo la realidad, lograr una vida más plena.
Soy el primero que sabe que está difícil y que esto se parece a un doctorado en supervivencia extrema.
Igual puedo escuchar una voz interna que no está dispuesta a dejarse vencer por las circunstancias.
Tampoco a dejarse la salud en la batalla.
¿Como se logra? No lo sé.
Solo sé que he decidido que por más largo que sea este desierto, no voy a morir de sed.
P.D: Gracias a todas las personas que me han salvado la vida este año. Nunca podré agradecer todo lo que habéis hecho por mí 🙏🏼❤️🩹
Cuando el destino se pone austero, sale al rescate lo verdadero.
Valentín Oliva, Wos
Me llegó una invitación al baile de desear lo posible.
Estoy cansado, pero igual puedo sentir una voz interna que quiere seguir acomodando la estantería. Debe ser porque intuyo que estos tiempos sólo se atraviesan con autosostén, que de repente me dieron ganas de hacer bien las cosas.
Qué es bien, y qué cosas, me pregunto.
No sé qué responderme más allá de que estoy dispuesto a hacer lo necesario.
Atrevernos a mirar los desafíos que tenemos enfrente con confianza en los talentos que hemos ido adquiriendo en el viaje de la vida es la única manera de ser libres, porque los obstáculos no desaparecen cuando no los miramos. Cambia bastante el cuento cuando nos responsabilizamos y asumimos la tarea de, leyendo la realidad, lograr una vida más plena.
Soy el primero que sabe que está difícil y que esto se parece a un doctorado en supervivencia extrema.
Igual puedo escuchar una voz interna que no está dispuesta a dejarse vencer por las circunstancias.
Tampoco a dejarse la salud en la batalla.
¿Como se logra? No lo sé.
Solo sé que he decidido que por más largo que sea este desierto, no voy a morir de sed.
P.D: Gracias a todas las personas que me han salvado la vida este año. Nunca podré agradecer todo lo que habéis hecho por mí 🙏🏼❤️🩹

Cuando el destino se pone austero, sale al rescate lo verdadero.
Valentín Oliva, Wos
Me llegó una invitación al baile de desear lo posible.
Estoy cansado, pero igual puedo sentir una voz interna que quiere seguir acomodando la estantería. Debe ser porque intuyo que estos tiempos sólo se atraviesan con autosostén, que de repente me dieron ganas de hacer bien las cosas.
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Soy el primero que sabe que está difícil y que esto se parece a un doctorado en supervivencia extrema.
Igual puedo escuchar una voz interna que no está dispuesta a dejarse vencer por las circunstancias.
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¿Como se logra? No lo sé.
Solo sé que he decidido que por más largo que sea este desierto, no voy a morir de sed.
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Valentín Oliva, Wos
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Solo sé que he decidido que por más largo que sea este desierto, no voy a morir de sed.
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Valentín Oliva, Wos
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Qué es bien, y qué cosas, me pregunto.
No sé qué responderme más allá de que estoy dispuesto a hacer lo necesario.
Atrevernos a mirar los desafíos que tenemos enfrente con confianza en los talentos que hemos ido adquiriendo en el viaje de la vida es la única manera de ser libres, porque los obstáculos no desaparecen cuando no los miramos. Cambia bastante el cuento cuando nos responsabilizamos y asumimos la tarea de, leyendo la realidad, lograr una vida más plena.
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¿Como se logra? No lo sé.
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P.D: Gracias a todas las personas que me han salvado la vida este año. Nunca podré agradecer todo lo que habéis hecho por mí 🙏🏼❤️🩹

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Valentín Oliva, Wos
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Estoy cansado, pero igual puedo sentir una voz interna que quiere seguir acomodando la estantería. Debe ser porque intuyo que estos tiempos sólo se atraviesan con autosostén, que de repente me dieron ganas de hacer bien las cosas.
Qué es bien, y qué cosas, me pregunto.
No sé qué responderme más allá de que estoy dispuesto a hacer lo necesario.
Atrevernos a mirar los desafíos que tenemos enfrente con confianza en los talentos que hemos ido adquiriendo en el viaje de la vida es la única manera de ser libres, porque los obstáculos no desaparecen cuando no los miramos. Cambia bastante el cuento cuando nos responsabilizamos y asumimos la tarea de, leyendo la realidad, lograr una vida más plena.
Soy el primero que sabe que está difícil y que esto se parece a un doctorado en supervivencia extrema.
Igual puedo escuchar una voz interna que no está dispuesta a dejarse vencer por las circunstancias.
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¿Como se logra? No lo sé.
Solo sé que he decidido que por más largo que sea este desierto, no voy a morir de sed.
P.D: Gracias a todas las personas que me han salvado la vida este año. Nunca podré agradecer todo lo que habéis hecho por mí 🙏🏼❤️🩹

Cuando el destino se pone austero, sale al rescate lo verdadero.
Valentín Oliva, Wos
Me llegó una invitación al baile de desear lo posible.
Estoy cansado, pero igual puedo sentir una voz interna que quiere seguir acomodando la estantería. Debe ser porque intuyo que estos tiempos sólo se atraviesan con autosostén, que de repente me dieron ganas de hacer bien las cosas.
Qué es bien, y qué cosas, me pregunto.
No sé qué responderme más allá de que estoy dispuesto a hacer lo necesario.
Atrevernos a mirar los desafíos que tenemos enfrente con confianza en los talentos que hemos ido adquiriendo en el viaje de la vida es la única manera de ser libres, porque los obstáculos no desaparecen cuando no los miramos. Cambia bastante el cuento cuando nos responsabilizamos y asumimos la tarea de, leyendo la realidad, lograr una vida más plena.
Soy el primero que sabe que está difícil y que esto se parece a un doctorado en supervivencia extrema.
Igual puedo escuchar una voz interna que no está dispuesta a dejarse vencer por las circunstancias.
Tampoco a dejarse la salud en la batalla.
¿Como se logra? No lo sé.
Solo sé que he decidido que por más largo que sea este desierto, no voy a morir de sed.
P.D: Gracias a todas las personas que me han salvado la vida este año. Nunca podré agradecer todo lo que habéis hecho por mí 🙏🏼❤️🩹

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
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¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
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Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
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¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
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Cristhian Daniel Gaona
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“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
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Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
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Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
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Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

“Cada vez que apareces, algo tiembla.
Y yo finjo que no es el corazón.”
Cristhian Daniel Gaona
¿Cuantas veces se puede volver a buscar un beso en una boca?
¿Estas ganas de ti, me las puedo quitar con otro?
¿Te doy espacio? ¿O te doy despacio?
Estas y otras preguntas se hace Caperucita mientras trata de calmar el incendio de su carne. Y es que, por más que cada vez se dice que es la última, ha vuelto mil veces al bosque buscando a ese lobo que le hizo descubrir que no era tan buena como parece.
Siempre entra de noche, llena de miedo y de ganas, se saca todo lo que tapa la caperuza y, cuando al fin lo encuentra -generalmente espiando algún ciervo-, le respira en la nuca y le susurra:
“Te extrañé tanto que me dolía el cuerpo”.
El tema es que ahí el lobo medio que se acobarda y pasa a ser semiferoz, del susto que le da el arrojo de la colorada.
“Eres demasiado intensa”, se le ocurrió decirle la última vez para no hacerse cargo del acojone.
“¿Pero tú me estás jodiendo? ¿Cuando, cuando se es demasiado intenso? No entiendes nada lobo, ni se te ocurra soñar con calmarme, porque yo al bosque entro a prenderme fuego”.
Ahí al lobo se le despierta al fin el cuerpo, y las ganas le ganan al miedo. No le queda más remedio que entregarse a fundirse, a convocar el rayo que atraviese el cuerpo, a gastar la vida de tanto usarla, a conseguir -por un instante sublime- ganarle la batalla a la muerte.
Y por eso siempre Caperucita vuelve…

Hay que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad.
Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
Tratemos, al menos, de no machacarnos, de no darle entidad a esa parte que insinúa que no tenemos la fuerza suficiente para resistir esta tormenta. Porque si hay algo que estamos entrenando en estos tiempos, es justamente eso: atravesar mares crueles sin caernos del barco.
Nuestro alter ego abrió la puerta del sótano donde guardamos todo lo que opera desde la sombra y liberándolo para que pueda, al fin, convertirse en potencia. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. Yo no se tú, pero a mi no me queda más espacio para la cobardía. Mejor acompaña amorosamente el desprendimiento, ya no eres el que fuiste. Por suerte.
Tsunami, aquí estoy ❤️🩹

Hay que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad.
Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
Tratemos, al menos, de no machacarnos, de no darle entidad a esa parte que insinúa que no tenemos la fuerza suficiente para resistir esta tormenta. Porque si hay algo que estamos entrenando en estos tiempos, es justamente eso: atravesar mares crueles sin caernos del barco.
Nuestro alter ego abrió la puerta del sótano donde guardamos todo lo que opera desde la sombra y liberándolo para que pueda, al fin, convertirse en potencia. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. Yo no se tú, pero a mi no me queda más espacio para la cobardía. Mejor acompaña amorosamente el desprendimiento, ya no eres el que fuiste. Por suerte.
Tsunami, aquí estoy ❤️🩹

Hay que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad.
Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
Tratemos, al menos, de no machacarnos, de no darle entidad a esa parte que insinúa que no tenemos la fuerza suficiente para resistir esta tormenta. Porque si hay algo que estamos entrenando en estos tiempos, es justamente eso: atravesar mares crueles sin caernos del barco.
Nuestro alter ego abrió la puerta del sótano donde guardamos todo lo que opera desde la sombra y liberándolo para que pueda, al fin, convertirse en potencia. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. Yo no se tú, pero a mi no me queda más espacio para la cobardía. Mejor acompaña amorosamente el desprendimiento, ya no eres el que fuiste. Por suerte.
Tsunami, aquí estoy ❤️🩹

Hay que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad.
Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
Tratemos, al menos, de no machacarnos, de no darle entidad a esa parte que insinúa que no tenemos la fuerza suficiente para resistir esta tormenta. Porque si hay algo que estamos entrenando en estos tiempos, es justamente eso: atravesar mares crueles sin caernos del barco.
Nuestro alter ego abrió la puerta del sótano donde guardamos todo lo que opera desde la sombra y liberándolo para que pueda, al fin, convertirse en potencia. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. Yo no se tú, pero a mi no me queda más espacio para la cobardía. Mejor acompaña amorosamente el desprendimiento, ya no eres el que fuiste. Por suerte.
Tsunami, aquí estoy ❤️🩹

Hay que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad.
Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
Tratemos, al menos, de no machacarnos, de no darle entidad a esa parte que insinúa que no tenemos la fuerza suficiente para resistir esta tormenta. Porque si hay algo que estamos entrenando en estos tiempos, es justamente eso: atravesar mares crueles sin caernos del barco.
Nuestro alter ego abrió la puerta del sótano donde guardamos todo lo que opera desde la sombra y liberándolo para que pueda, al fin, convertirse en potencia. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. Yo no se tú, pero a mi no me queda más espacio para la cobardía. Mejor acompaña amorosamente el desprendimiento, ya no eres el que fuiste. Por suerte.
Tsunami, aquí estoy ❤️🩹

Hay que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad.
Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
Tratemos, al menos, de no machacarnos, de no darle entidad a esa parte que insinúa que no tenemos la fuerza suficiente para resistir esta tormenta. Porque si hay algo que estamos entrenando en estos tiempos, es justamente eso: atravesar mares crueles sin caernos del barco.
Nuestro alter ego abrió la puerta del sótano donde guardamos todo lo que opera desde la sombra y liberándolo para que pueda, al fin, convertirse en potencia. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. Yo no se tú, pero a mi no me queda más espacio para la cobardía. Mejor acompaña amorosamente el desprendimiento, ya no eres el que fuiste. Por suerte.
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Hay que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad.
Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
Tratemos, al menos, de no machacarnos, de no darle entidad a esa parte que insinúa que no tenemos la fuerza suficiente para resistir esta tormenta. Porque si hay algo que estamos entrenando en estos tiempos, es justamente eso: atravesar mares crueles sin caernos del barco.
Nuestro alter ego abrió la puerta del sótano donde guardamos todo lo que opera desde la sombra y liberándolo para que pueda, al fin, convertirse en potencia. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. Yo no se tú, pero a mi no me queda más espacio para la cobardía. Mejor acompaña amorosamente el desprendimiento, ya no eres el que fuiste. Por suerte.
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Hay que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad.
Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
Tratemos, al menos, de no machacarnos, de no darle entidad a esa parte que insinúa que no tenemos la fuerza suficiente para resistir esta tormenta. Porque si hay algo que estamos entrenando en estos tiempos, es justamente eso: atravesar mares crueles sin caernos del barco.
Nuestro alter ego abrió la puerta del sótano donde guardamos todo lo que opera desde la sombra y liberándolo para que pueda, al fin, convertirse en potencia. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. Yo no se tú, pero a mi no me queda más espacio para la cobardía. Mejor acompaña amorosamente el desprendimiento, ya no eres el que fuiste. Por suerte.
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Nuestro alter ego abrió la puerta del sótano donde guardamos todo lo que opera desde la sombra y liberándolo para que pueda, al fin, convertirse en potencia. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. Yo no se tú, pero a mi no me queda más espacio para la cobardía. Mejor acompaña amorosamente el desprendimiento, ya no eres el que fuiste. Por suerte.
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Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
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Nuestro alter ego abrió la puerta del sótano donde guardamos todo lo que opera desde la sombra y liberándolo para que pueda, al fin, convertirse en potencia. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. Yo no se tú, pero a mi no me queda más espacio para la cobardía. Mejor acompaña amorosamente el desprendimiento, ya no eres el que fuiste. Por suerte.
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¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
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Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
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Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
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Nuestro alter ego abrió la puerta del sótano donde guardamos todo lo que opera desde la sombra y liberándolo para que pueda, al fin, convertirse en potencia. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. Yo no se tú, pero a mi no me queda más espacio para la cobardía. Mejor acompaña amorosamente el desprendimiento, ya no eres el que fuiste. Por suerte.
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Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
Tratemos, al menos, de no machacarnos, de no darle entidad a esa parte que insinúa que no tenemos la fuerza suficiente para resistir esta tormenta. Porque si hay algo que estamos entrenando en estos tiempos, es justamente eso: atravesar mares crueles sin caernos del barco.
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Charles Bukowski
¿Que hago con toda esta intensidad? Siento que el Tauro que me habita refunfuña, y rumia opciones, y ese toro en principio manso se vuelve demoledor. Cuando la vida aprieta nos encontramos ante el desafío de sacarnos, aunque sea a zarpazos, lo que no nos está dejando respirar. Dejar salir el instinto de supervivencia implica un riesgo: probablemente nada quedará de la misma forma. Ahí tendrás que tomar la decisión, quedar en el molde y conservar o romperlo y encontrarte con el vacío de lo desconocido. No hay garantías, no hay manera de saber lo que te espera y mucho menos certeza de no arrepentimiento posterior. Por eso es un riesgo. Lo que sí sabemos es que somos una especie con tendencia a naturalizar la tensión, la incomodidad, lo insalubre, antes que enfrentar nuestro sentimiento más arraigado: el miedo.
Tratemos, al menos, de no machacarnos, de no darle entidad a esa parte que insinúa que no tenemos la fuerza suficiente para resistir esta tormenta. Porque si hay algo que estamos entrenando en estos tiempos, es justamente eso: atravesar mares crueles sin caernos del barco.
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Tsunami, aquí estoy ❤️🩹

“Llorar no indica que usted es débil. Desde su nacimiento llorar siempre ha sido una señal de que está vivo.”
Charlotte Brontë.
Qué suerte de, a pesar de todo, seguir siendo un kamikaze a corazón descubierto ❤️🩹

“Llorar no indica que usted es débil. Desde su nacimiento llorar siempre ha sido una señal de que está vivo.”
Charlotte Brontë.
Qué suerte de, a pesar de todo, seguir siendo un kamikaze a corazón descubierto ❤️🩹

“Llorar no indica que usted es débil. Desde su nacimiento llorar siempre ha sido una señal de que está vivo.”
Charlotte Brontë.
Qué suerte de, a pesar de todo, seguir siendo un kamikaze a corazón descubierto ❤️🩹

“Llorar no indica que usted es débil. Desde su nacimiento llorar siempre ha sido una señal de que está vivo.”
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Qué suerte de, a pesar de todo, seguir siendo un kamikaze a corazón descubierto ❤️🩹

“Llorar no indica que usted es débil. Desde su nacimiento llorar siempre ha sido una señal de que está vivo.”
Charlotte Brontë.
Qué suerte de, a pesar de todo, seguir siendo un kamikaze a corazón descubierto ❤️🩹

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Charlotte Brontë.
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Charlotte Brontë.
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Charlotte Brontë.
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Nechci hledat nikoho jiného… Chci to zkusit s tebou, dokud se nám to nepodaří.
Anónimo
La vida empieza muchas veces.
Hay momentos donde, contra todo pronóstico, aparece algo que nos cuenta que estamos preparados para dar un giro. Es en ese parpadeo donde hay que atreverse al movimiento, porque al rato se nos pasa, y quedamos dormidos, cobardes, con el gesto anestesiado.
Aprovechemos este cielo para esta importante decisión: recordar y hacer consciente la pasión.
Si estás sintiendo la heroica necesidad de correr algún riesgo y avanzar, es ahora. La vida nos espera más allá.
Tratemos de darle lugar a esa voz que sabe que la vida, con suerte, es una sucesión de pequeños milagros en forma de encuentros y de inspiración, y que de aprender a dejar la puerta abierta para que sucedan va el juego.
Un mix de los intensos días en Canarias con playas, canciones italianas, Google Translate, momentos de películas de Julia Roberts y momentos que serán imposibles de olvidar.
A veces la realidad, supera la ficción.
GC me llevo mucho de ti.

Nechci hledat nikoho jiného… Chci to zkusit s tebou, dokud se nám to nepodaří.
Anónimo
La vida empieza muchas veces.
Hay momentos donde, contra todo pronóstico, aparece algo que nos cuenta que estamos preparados para dar un giro. Es en ese parpadeo donde hay que atreverse al movimiento, porque al rato se nos pasa, y quedamos dormidos, cobardes, con el gesto anestesiado.
Aprovechemos este cielo para esta importante decisión: recordar y hacer consciente la pasión.
Si estás sintiendo la heroica necesidad de correr algún riesgo y avanzar, es ahora. La vida nos espera más allá.
Tratemos de darle lugar a esa voz que sabe que la vida, con suerte, es una sucesión de pequeños milagros en forma de encuentros y de inspiración, y que de aprender a dejar la puerta abierta para que sucedan va el juego.
Un mix de los intensos días en Canarias con playas, canciones italianas, Google Translate, momentos de películas de Julia Roberts y momentos que serán imposibles de olvidar.
A veces la realidad, supera la ficción.
GC me llevo mucho de ti.

Nechci hledat nikoho jiného… Chci to zkusit s tebou, dokud se nám to nepodaří.
Anónimo
La vida empieza muchas veces.
Hay momentos donde, contra todo pronóstico, aparece algo que nos cuenta que estamos preparados para dar un giro. Es en ese parpadeo donde hay que atreverse al movimiento, porque al rato se nos pasa, y quedamos dormidos, cobardes, con el gesto anestesiado.
Aprovechemos este cielo para esta importante decisión: recordar y hacer consciente la pasión.
Si estás sintiendo la heroica necesidad de correr algún riesgo y avanzar, es ahora. La vida nos espera más allá.
Tratemos de darle lugar a esa voz que sabe que la vida, con suerte, es una sucesión de pequeños milagros en forma de encuentros y de inspiración, y que de aprender a dejar la puerta abierta para que sucedan va el juego.
Un mix de los intensos días en Canarias con playas, canciones italianas, Google Translate, momentos de películas de Julia Roberts y momentos que serán imposibles de olvidar.
A veces la realidad, supera la ficción.
GC me llevo mucho de ti.

Nechci hledat nikoho jiného… Chci to zkusit s tebou, dokud se nám to nepodaří.
Anónimo
La vida empieza muchas veces.
Hay momentos donde, contra todo pronóstico, aparece algo que nos cuenta que estamos preparados para dar un giro. Es en ese parpadeo donde hay que atreverse al movimiento, porque al rato se nos pasa, y quedamos dormidos, cobardes, con el gesto anestesiado.
Aprovechemos este cielo para esta importante decisión: recordar y hacer consciente la pasión.
Si estás sintiendo la heroica necesidad de correr algún riesgo y avanzar, es ahora. La vida nos espera más allá.
Tratemos de darle lugar a esa voz que sabe que la vida, con suerte, es una sucesión de pequeños milagros en forma de encuentros y de inspiración, y que de aprender a dejar la puerta abierta para que sucedan va el juego.
Un mix de los intensos días en Canarias con playas, canciones italianas, Google Translate, momentos de películas de Julia Roberts y momentos que serán imposibles de olvidar.
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Tuve que sobrevivir en aguas en las que nunca antes nadé.
Claro que no soy el mismo.
Metamorfosis
Cosas bonitas que pasaron hace unos meses y que por las circunstancias no quedaron reflejadas en su momento.
Gracias @salgado_gloria por este regalo de entrevista y reconocimiento a mi carrera. Verse replicado en algunos de los principales diarios nacionales, cuanto menos, abruma. Y permitidme con un poco más de orgullo, si cabe, verme en el periódico de mi tierra @diario.laverdad
Gracias a @murcia.es y @cadenaazul1078 @ca107.8cadenaazullorca por hablar con tanto cariño.
Ay Mami, que orgullosa estabas esos días. La mujer más orgullosa del mundo. Y, sobre todo, qué alivio y que consuelo que pudieras ver el podcast de Eduardo, ver las entrevistas y leerlas.
Este que escribe, que todo lo que hice siempre lo hice para poder contártelo y disfrutarlo contigo. Esa es la razón que me ayuda a seguir caminando, entre universos en ruinas y, aunque esta no es la vida que querría, he tomado la decisión de luchar contra esta tristeza que me acompaña y continuar por ti.
Porque todo lo bueno que tengo viene de ti. El mayor orgullo de mi vida ❤️🩹

Tuve que sobrevivir en aguas en las que nunca antes nadé.
Claro que no soy el mismo.
Metamorfosis
Cosas bonitas que pasaron hace unos meses y que por las circunstancias no quedaron reflejadas en su momento.
Gracias @salgado_gloria por este regalo de entrevista y reconocimiento a mi carrera. Verse replicado en algunos de los principales diarios nacionales, cuanto menos, abruma. Y permitidme con un poco más de orgullo, si cabe, verme en el periódico de mi tierra @diario.laverdad
Gracias a @murcia.es y @cadenaazul1078 @ca107.8cadenaazullorca por hablar con tanto cariño.
Ay Mami, que orgullosa estabas esos días. La mujer más orgullosa del mundo. Y, sobre todo, qué alivio y que consuelo que pudieras ver el podcast de Eduardo, ver las entrevistas y leerlas.
Este que escribe, que todo lo que hice siempre lo hice para poder contártelo y disfrutarlo contigo. Esa es la razón que me ayuda a seguir caminando, entre universos en ruinas y, aunque esta no es la vida que querría, he tomado la decisión de luchar contra esta tristeza que me acompaña y continuar por ti.
Porque todo lo bueno que tengo viene de ti. El mayor orgullo de mi vida ❤️🩹

Tuve que sobrevivir en aguas en las que nunca antes nadé.
Claro que no soy el mismo.
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Ay Mami, que orgullosa estabas esos días. La mujer más orgullosa del mundo. Y, sobre todo, qué alivio y que consuelo que pudieras ver el podcast de Eduardo, ver las entrevistas y leerlas.
Este que escribe, que todo lo que hice siempre lo hice para poder contártelo y disfrutarlo contigo. Esa es la razón que me ayuda a seguir caminando, entre universos en ruinas y, aunque esta no es la vida que querría, he tomado la decisión de luchar contra esta tristeza que me acompaña y continuar por ti.
Porque todo lo bueno que tengo viene de ti. El mayor orgullo de mi vida ❤️🩹

Tuve que sobrevivir en aguas en las que nunca antes nadé.
Claro que no soy el mismo.
Metamorfosis
Cosas bonitas que pasaron hace unos meses y que por las circunstancias no quedaron reflejadas en su momento.
Gracias @salgado_gloria por este regalo de entrevista y reconocimiento a mi carrera. Verse replicado en algunos de los principales diarios nacionales, cuanto menos, abruma. Y permitidme con un poco más de orgullo, si cabe, verme en el periódico de mi tierra @diario.laverdad
Gracias a @murcia.es y @cadenaazul1078 @ca107.8cadenaazullorca por hablar con tanto cariño.
Ay Mami, que orgullosa estabas esos días. La mujer más orgullosa del mundo. Y, sobre todo, qué alivio y que consuelo que pudieras ver el podcast de Eduardo, ver las entrevistas y leerlas.
Este que escribe, que todo lo que hice siempre lo hice para poder contártelo y disfrutarlo contigo. Esa es la razón que me ayuda a seguir caminando, entre universos en ruinas y, aunque esta no es la vida que querría, he tomado la decisión de luchar contra esta tristeza que me acompaña y continuar por ti.
Porque todo lo bueno que tengo viene de ti. El mayor orgullo de mi vida ❤️🩹

Tuve que sobrevivir en aguas en las que nunca antes nadé.
Claro que no soy el mismo.
Metamorfosis
Cosas bonitas que pasaron hace unos meses y que por las circunstancias no quedaron reflejadas en su momento.
Gracias @salgado_gloria por este regalo de entrevista y reconocimiento a mi carrera. Verse replicado en algunos de los principales diarios nacionales, cuanto menos, abruma. Y permitidme con un poco más de orgullo, si cabe, verme en el periódico de mi tierra @diario.laverdad
Gracias a @murcia.es y @cadenaazul1078 @ca107.8cadenaazullorca por hablar con tanto cariño.
Ay Mami, que orgullosa estabas esos días. La mujer más orgullosa del mundo. Y, sobre todo, qué alivio y que consuelo que pudieras ver el podcast de Eduardo, ver las entrevistas y leerlas.
Este que escribe, que todo lo que hice siempre lo hice para poder contártelo y disfrutarlo contigo. Esa es la razón que me ayuda a seguir caminando, entre universos en ruinas y, aunque esta no es la vida que querría, he tomado la decisión de luchar contra esta tristeza que me acompaña y continuar por ti.
Porque todo lo bueno que tengo viene de ti. El mayor orgullo de mi vida ❤️🩹

Tuve que sobrevivir en aguas en las que nunca antes nadé.
Claro que no soy el mismo.
Metamorfosis
Cosas bonitas que pasaron hace unos meses y que por las circunstancias no quedaron reflejadas en su momento.
Gracias @salgado_gloria por este regalo de entrevista y reconocimiento a mi carrera. Verse replicado en algunos de los principales diarios nacionales, cuanto menos, abruma. Y permitidme con un poco más de orgullo, si cabe, verme en el periódico de mi tierra @diario.laverdad
Gracias a @murcia.es y @cadenaazul1078 @ca107.8cadenaazullorca por hablar con tanto cariño.
Ay Mami, que orgullosa estabas esos días. La mujer más orgullosa del mundo. Y, sobre todo, qué alivio y que consuelo que pudieras ver el podcast de Eduardo, ver las entrevistas y leerlas.
Este que escribe, que todo lo que hice siempre lo hice para poder contártelo y disfrutarlo contigo. Esa es la razón que me ayuda a seguir caminando, entre universos en ruinas y, aunque esta no es la vida que querría, he tomado la decisión de luchar contra esta tristeza que me acompaña y continuar por ti.
Porque todo lo bueno que tengo viene de ti. El mayor orgullo de mi vida ❤️🩹

Tuve que sobrevivir en aguas en las que nunca antes nadé.
Claro que no soy el mismo.
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Cosas bonitas que pasaron hace unos meses y que por las circunstancias no quedaron reflejadas en su momento.
Gracias @salgado_gloria por este regalo de entrevista y reconocimiento a mi carrera. Verse replicado en algunos de los principales diarios nacionales, cuanto menos, abruma. Y permitidme con un poco más de orgullo, si cabe, verme en el periódico de mi tierra @diario.laverdad
Gracias a @murcia.es y @cadenaazul1078 @ca107.8cadenaazullorca por hablar con tanto cariño.
Ay Mami, que orgullosa estabas esos días. La mujer más orgullosa del mundo. Y, sobre todo, qué alivio y que consuelo que pudieras ver el podcast de Eduardo, ver las entrevistas y leerlas.
Este que escribe, que todo lo que hice siempre lo hice para poder contártelo y disfrutarlo contigo. Esa es la razón que me ayuda a seguir caminando, entre universos en ruinas y, aunque esta no es la vida que querría, he tomado la decisión de luchar contra esta tristeza que me acompaña y continuar por ti.
Porque todo lo bueno que tengo viene de ti. El mayor orgullo de mi vida ❤️🩹

Tuve que sobrevivir en aguas en las que nunca antes nadé.
Claro que no soy el mismo.
Metamorfosis
Cosas bonitas que pasaron hace unos meses y que por las circunstancias no quedaron reflejadas en su momento.
Gracias @salgado_gloria por este regalo de entrevista y reconocimiento a mi carrera. Verse replicado en algunos de los principales diarios nacionales, cuanto menos, abruma. Y permitidme con un poco más de orgullo, si cabe, verme en el periódico de mi tierra @diario.laverdad
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Ay Mami, que orgullosa estabas esos días. La mujer más orgullosa del mundo. Y, sobre todo, qué alivio y que consuelo que pudieras ver el podcast de Eduardo, ver las entrevistas y leerlas.
Este que escribe, que todo lo que hice siempre lo hice para poder contártelo y disfrutarlo contigo. Esa es la razón que me ayuda a seguir caminando, entre universos en ruinas y, aunque esta no es la vida que querría, he tomado la decisión de luchar contra esta tristeza que me acompaña y continuar por ti.
Porque todo lo bueno que tengo viene de ti. El mayor orgullo de mi vida ❤️🩹

Tuve que sobrevivir en aguas en las que nunca antes nadé.
Claro que no soy el mismo.
Metamorfosis
Cosas bonitas que pasaron hace unos meses y que por las circunstancias no quedaron reflejadas en su momento.
Gracias @salgado_gloria por este regalo de entrevista y reconocimiento a mi carrera. Verse replicado en algunos de los principales diarios nacionales, cuanto menos, abruma. Y permitidme con un poco más de orgullo, si cabe, verme en el periódico de mi tierra @diario.laverdad
Gracias a @murcia.es y @cadenaazul1078 @ca107.8cadenaazullorca por hablar con tanto cariño.
Ay Mami, que orgullosa estabas esos días. La mujer más orgullosa del mundo. Y, sobre todo, qué alivio y que consuelo que pudieras ver el podcast de Eduardo, ver las entrevistas y leerlas.
Este que escribe, que todo lo que hice siempre lo hice para poder contártelo y disfrutarlo contigo. Esa es la razón que me ayuda a seguir caminando, entre universos en ruinas y, aunque esta no es la vida que querría, he tomado la decisión de luchar contra esta tristeza que me acompaña y continuar por ti.
Porque todo lo bueno que tengo viene de ti. El mayor orgullo de mi vida ❤️🩹

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
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Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
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Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
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Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
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No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
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Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
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No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
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Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
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No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
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Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
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Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
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Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
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No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
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El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
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Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
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No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
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El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
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En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
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Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
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Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
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En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
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Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
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Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
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Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

No ser amado es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.
Albert Camus.
El viernes se casó mi amiga Gloria, que es, sin duda, uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Nos conocimos en un viaje a Marsella, allá por 2016. Ahí, entre síntomas del mal de tierra y risas contagiosas, nació “Capri”. El apodo. El código que nos une como un hilo invisible.
Desde entonces no hemos vuelto a separarnos y
con ella descubrí que hay amistades que rozan lo platónico.
Durante años hicimos de la vida un pasaporte compartido: Miami, México, Ibiza, Francia…
Fue “Chica Roxy”, embajadora de “La Vida es Chula”, nos perdimos en polígonos en fiestas del Row, nos empachamos de tacos callejeros en el DF e incluso vomitamos a la par en un velero por la Costa Azul.
Escatimar, en lo que se refiere al amor, nunca estuvo en nuestro diccionario.
Y en este camino que llevamos recorrido juntos, hemos gozado de abrirnos, de sentir, de movernos por la vida permitiendo que nos toque; de celebrar ser sensibles, de saber que no es una debilidad, de alegrarnos profundamente de ser corazones que se ofrecen.
En estos tiempos donde me acompaña el gris de fondo, y cada día me pregunto con urgencia cómo rascar un poquito de alegría, el viernes la encontré en ella: radiante, feliz, una Glo inmensamente bella.
Que sea posible el amor depende del espacio que le guardaste en tu interior. Eso lo he aprendido de ella.
Hablo de ese amor que defendiste incluso ante lo indefendible. Cuando todo invitaba a la renuncia, cuando lo más sensato parecía desprenderse de ese anhelo de danzar al sonido del encuentro.
Qué alegría participar el viernes de esa demostración de interés, sin vueltas ni estrategias. Qué hermosa gasolina la reciprocidad de la mirada.
Y en ese estado de alegría transitoria, este viernes por la noche me vi bailando de nuevo.
Porque, señorxs, la música me salva la vida.
Me transforma los demonios en panteras poderosas, me regala la paz para mirarme y para mirar.
Consigue el milagro de —no importa en qué contexto esté— reconciliarme con existir. (SIGUE) @tictactrendy

Hoy todo lo que escribo es para ti
Y no hace falta que yo ponga tu nombre:
Si digo cielo, rosa, tierra, revolución, aire, mar, poesía,…
Es que te estoy nombrando.
Rafael Alberti
Este tiempo convulso atravesando universos en ruinas, sintiendo y sabiendo que el único movimiento posible es hacia delante.
Tomar internamente la decisión de no sucumbir a la tristeza. Mirar alrededor e intentar buscar eso, lo que merece la pena, la alegría, y te inspiras, y tiras para adelante. De ganarle el pulso al abatimiento y la desesperanza con disponibilidad para permitir que vengan cosas buenas.
Si de algo me he dado cuenta en este terrorífico proceso es que la vida te la salvan los amigos, esa gente que te arropa en las malas y se alegra en las buenas, que no se asustan ante las dificultades y que nos ayudan a dejar de lado un rato el drama y consiguen sacarte alguna que otra carcajada. Mi gente vale oro.
Y algo muy importante y que no puedo olvidar: tengo que mantener a mi lado a tanta gente que me quiere y me lo ha demostrado. A tantos buenos amigos y familia a los que, con el paso de los años y por culpa de la rutina y a veces por mi falta de compromiso, he ido dejando atrás.
Jung decía que hasta que no hemos sufrido lo suficiente no cambiamos. Lo que sí es cierto es que negando el dolor no transformamos nada, y quedándonos a vivir en él nos estancamos.
Solemos tratarnos peor cuando lo estamos pasando mal, y deberíamos hacer lo contrario: el estado de vulnerabilidad necesita más que nunca nuestra versión más amable. A tu yo del pasado perdónalo, y al del presente abrázalo. Es lo mejor que puedes hacer por el del futuro.
Ahora, abatido y desolado, pero con la convicción de volver a ser fuerte, sólo pienso en mi madre - siempre mi madre - y una de las cosas que me dijo: “tienes que seguir adelante”.
Y así lo haré, seguir caminando. 💪🏼💔
PD: mi única foto del verano, en un atardecer de un parking de Celorio. Una de las miradas más tristes que ha pisado Asturias y unos cuantos kilos que se han quedado por el camino estos meses.

Hoy todo lo que escribo es para ti
Y no hace falta que yo ponga tu nombre:
Si digo cielo, rosa, tierra, revolución, aire, mar, poesía,…
Es que te estoy nombrando.
Rafael Alberti
Este tiempo convulso atravesando universos en ruinas, sintiendo y sabiendo que el único movimiento posible es hacia delante.
Tomar internamente la decisión de no sucumbir a la tristeza. Mirar alrededor e intentar buscar eso, lo que merece la pena, la alegría, y te inspiras, y tiras para adelante. De ganarle el pulso al abatimiento y la desesperanza con disponibilidad para permitir que vengan cosas buenas.
Si de algo me he dado cuenta en este terrorífico proceso es que la vida te la salvan los amigos, esa gente que te arropa en las malas y se alegra en las buenas, que no se asustan ante las dificultades y que nos ayudan a dejar de lado un rato el drama y consiguen sacarte alguna que otra carcajada. Mi gente vale oro.
Y algo muy importante y que no puedo olvidar: tengo que mantener a mi lado a tanta gente que me quiere y me lo ha demostrado. A tantos buenos amigos y familia a los que, con el paso de los años y por culpa de la rutina y a veces por mi falta de compromiso, he ido dejando atrás.
Jung decía que hasta que no hemos sufrido lo suficiente no cambiamos. Lo que sí es cierto es que negando el dolor no transformamos nada, y quedándonos a vivir en él nos estancamos.
Solemos tratarnos peor cuando lo estamos pasando mal, y deberíamos hacer lo contrario: el estado de vulnerabilidad necesita más que nunca nuestra versión más amable. A tu yo del pasado perdónalo, y al del presente abrázalo. Es lo mejor que puedes hacer por el del futuro.
Ahora, abatido y desolado, pero con la convicción de volver a ser fuerte, sólo pienso en mi madre - siempre mi madre - y una de las cosas que me dijo: “tienes que seguir adelante”.
Y así lo haré, seguir caminando. 💪🏼💔
PD: mi única foto del verano, en un atardecer de un parking de Celorio. Una de las miradas más tristes que ha pisado Asturias y unos cuantos kilos que se han quedado por el camino estos meses.
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