CHEFS TV | Revista Gastronómica
Las grandes entrevistas de la gastronomía 🎙️EN ESPAÑOL.
Desde cualquier lugar del mundo.

La prisa nos hace creer que deberíamos estar en otro lugar o ser alguien distinto. Pero la verdadera paz llega
cuando finalmente abrazamos nuestro propio proceso.
Entender que cada paso, incluso el más lento, tiene un propósito.
#chefstvpiensapositivo #piensapositivo #positivo

El asco es un reflejo, no una elección. Pero, ¿quién programó tu cerebro para sentirlo?
No se puede luchar contra el asco. Es una de las emociones menos negociables; actúa rápido, de manera preracional. Nada está más en contraposición a lo que se tiene por bueno que lo que causa rechazo.
«Inteligencia», «justicia», «éxito», «arte» o «calidad» son términos que, al igual que «belleza» o «asco», funcionan como espejos de quien los utiliza. Siguiendo esta lógica, se podría afirmar que el canon de belleza no es una propiedad fija o inherente de las cosas o los alimentos, sino una relación entre lo que causan en el observador y los dictados del entorno social, cuyo peso es decisivo.
A la par de lo que dicta nuestra naturaleza, existe lo que dispone el juicio social. Cuando se dice «eso da asco», en no pocas ocasiones se está diciendo: «Eso me resulta totalmente ajeno; no pertenece a mi mundo». Se trata de una diferencia enorme, ya que, al igual que sucede con las referencias favorables o lo adecuado, el rechazo también se aprende.
Es palpable que nacemos con ciertas predisposiciones biológicas, pero el contenido específico de lo que consideramos «apto», «excelente» o «repulsivo» es, en gran parte, algo culturalmente aprendido. El problema no es tanto sentir animadversión hacia algo, sino creer que todo lo que nos desagrada a priori está mal. Es una constante: la repugnancia aparece primero y la conciencia suele llegar después para justificarla.
Lo que nació como una defensa contra una potencial infección fue expandiéndose hacia lo social e influyendo en nuestros juicios. Pero no lo es menos que lo comestible no es una verdad natural sino cultural, y que la comida funciona como un lenguaje social.
Comer es clasificar el mundo porque, más que consumir alimentos, consumimos su significado. Solo nuestras desafecciones nos definen: dime lo que te da asco y te diré quién eres. La buena noticia sería que, si se quiere, del asco también se sale.
📲 Comenta ASCO y te enviamos la nota completa.
✍🏻 @andoniluisaduriz
#andoniaduriz #chef #cultura
📷 Créditos:
1 : Adriaen Brouwer
3:Quentin Massys
5: Quentin Massys.
7: El Bosco

El asco es un reflejo, no una elección. Pero, ¿quién programó tu cerebro para sentirlo?
No se puede luchar contra el asco. Es una de las emociones menos negociables; actúa rápido, de manera preracional. Nada está más en contraposición a lo que se tiene por bueno que lo que causa rechazo.
«Inteligencia», «justicia», «éxito», «arte» o «calidad» son términos que, al igual que «belleza» o «asco», funcionan como espejos de quien los utiliza. Siguiendo esta lógica, se podría afirmar que el canon de belleza no es una propiedad fija o inherente de las cosas o los alimentos, sino una relación entre lo que causan en el observador y los dictados del entorno social, cuyo peso es decisivo.
A la par de lo que dicta nuestra naturaleza, existe lo que dispone el juicio social. Cuando se dice «eso da asco», en no pocas ocasiones se está diciendo: «Eso me resulta totalmente ajeno; no pertenece a mi mundo». Se trata de una diferencia enorme, ya que, al igual que sucede con las referencias favorables o lo adecuado, el rechazo también se aprende.
Es palpable que nacemos con ciertas predisposiciones biológicas, pero el contenido específico de lo que consideramos «apto», «excelente» o «repulsivo» es, en gran parte, algo culturalmente aprendido. El problema no es tanto sentir animadversión hacia algo, sino creer que todo lo que nos desagrada a priori está mal. Es una constante: la repugnancia aparece primero y la conciencia suele llegar después para justificarla.
Lo que nació como una defensa contra una potencial infección fue expandiéndose hacia lo social e influyendo en nuestros juicios. Pero no lo es menos que lo comestible no es una verdad natural sino cultural, y que la comida funciona como un lenguaje social.
Comer es clasificar el mundo porque, más que consumir alimentos, consumimos su significado. Solo nuestras desafecciones nos definen: dime lo que te da asco y te diré quién eres. La buena noticia sería que, si se quiere, del asco también se sale.
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#andoniaduriz #chef #cultura
📷 Créditos:
1 : Adriaen Brouwer
3:Quentin Massys
5: Quentin Massys.
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El asco es un reflejo, no una elección. Pero, ¿quién programó tu cerebro para sentirlo?
No se puede luchar contra el asco. Es una de las emociones menos negociables; actúa rápido, de manera preracional. Nada está más en contraposición a lo que se tiene por bueno que lo que causa rechazo.
«Inteligencia», «justicia», «éxito», «arte» o «calidad» son términos que, al igual que «belleza» o «asco», funcionan como espejos de quien los utiliza. Siguiendo esta lógica, se podría afirmar que el canon de belleza no es una propiedad fija o inherente de las cosas o los alimentos, sino una relación entre lo que causan en el observador y los dictados del entorno social, cuyo peso es decisivo.
A la par de lo que dicta nuestra naturaleza, existe lo que dispone el juicio social. Cuando se dice «eso da asco», en no pocas ocasiones se está diciendo: «Eso me resulta totalmente ajeno; no pertenece a mi mundo». Se trata de una diferencia enorme, ya que, al igual que sucede con las referencias favorables o lo adecuado, el rechazo también se aprende.
Es palpable que nacemos con ciertas predisposiciones biológicas, pero el contenido específico de lo que consideramos «apto», «excelente» o «repulsivo» es, en gran parte, algo culturalmente aprendido. El problema no es tanto sentir animadversión hacia algo, sino creer que todo lo que nos desagrada a priori está mal. Es una constante: la repugnancia aparece primero y la conciencia suele llegar después para justificarla.
Lo que nació como una defensa contra una potencial infección fue expandiéndose hacia lo social e influyendo en nuestros juicios. Pero no lo es menos que lo comestible no es una verdad natural sino cultural, y que la comida funciona como un lenguaje social.
Comer es clasificar el mundo porque, más que consumir alimentos, consumimos su significado. Solo nuestras desafecciones nos definen: dime lo que te da asco y te diré quién eres. La buena noticia sería que, si se quiere, del asco también se sale.
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✍🏻 @andoniluisaduriz
#andoniaduriz #chef #cultura
📷 Créditos:
1 : Adriaen Brouwer
3:Quentin Massys
5: Quentin Massys.
7: El Bosco

El asco es un reflejo, no una elección. Pero, ¿quién programó tu cerebro para sentirlo?
No se puede luchar contra el asco. Es una de las emociones menos negociables; actúa rápido, de manera preracional. Nada está más en contraposición a lo que se tiene por bueno que lo que causa rechazo.
«Inteligencia», «justicia», «éxito», «arte» o «calidad» son términos que, al igual que «belleza» o «asco», funcionan como espejos de quien los utiliza. Siguiendo esta lógica, se podría afirmar que el canon de belleza no es una propiedad fija o inherente de las cosas o los alimentos, sino una relación entre lo que causan en el observador y los dictados del entorno social, cuyo peso es decisivo.
A la par de lo que dicta nuestra naturaleza, existe lo que dispone el juicio social. Cuando se dice «eso da asco», en no pocas ocasiones se está diciendo: «Eso me resulta totalmente ajeno; no pertenece a mi mundo». Se trata de una diferencia enorme, ya que, al igual que sucede con las referencias favorables o lo adecuado, el rechazo también se aprende.
Es palpable que nacemos con ciertas predisposiciones biológicas, pero el contenido específico de lo que consideramos «apto», «excelente» o «repulsivo» es, en gran parte, algo culturalmente aprendido. El problema no es tanto sentir animadversión hacia algo, sino creer que todo lo que nos desagrada a priori está mal. Es una constante: la repugnancia aparece primero y la conciencia suele llegar después para justificarla.
Lo que nació como una defensa contra una potencial infección fue expandiéndose hacia lo social e influyendo en nuestros juicios. Pero no lo es menos que lo comestible no es una verdad natural sino cultural, y que la comida funciona como un lenguaje social.
Comer es clasificar el mundo porque, más que consumir alimentos, consumimos su significado. Solo nuestras desafecciones nos definen: dime lo que te da asco y te diré quién eres. La buena noticia sería que, si se quiere, del asco también se sale.
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3:Quentin Massys
5: Quentin Massys.
7: El Bosco

El asco es un reflejo, no una elección. Pero, ¿quién programó tu cerebro para sentirlo?
No se puede luchar contra el asco. Es una de las emociones menos negociables; actúa rápido, de manera preracional. Nada está más en contraposición a lo que se tiene por bueno que lo que causa rechazo.
«Inteligencia», «justicia», «éxito», «arte» o «calidad» son términos que, al igual que «belleza» o «asco», funcionan como espejos de quien los utiliza. Siguiendo esta lógica, se podría afirmar que el canon de belleza no es una propiedad fija o inherente de las cosas o los alimentos, sino una relación entre lo que causan en el observador y los dictados del entorno social, cuyo peso es decisivo.
A la par de lo que dicta nuestra naturaleza, existe lo que dispone el juicio social. Cuando se dice «eso da asco», en no pocas ocasiones se está diciendo: «Eso me resulta totalmente ajeno; no pertenece a mi mundo». Se trata de una diferencia enorme, ya que, al igual que sucede con las referencias favorables o lo adecuado, el rechazo también se aprende.
Es palpable que nacemos con ciertas predisposiciones biológicas, pero el contenido específico de lo que consideramos «apto», «excelente» o «repulsivo» es, en gran parte, algo culturalmente aprendido. El problema no es tanto sentir animadversión hacia algo, sino creer que todo lo que nos desagrada a priori está mal. Es una constante: la repugnancia aparece primero y la conciencia suele llegar después para justificarla.
Lo que nació como una defensa contra una potencial infección fue expandiéndose hacia lo social e influyendo en nuestros juicios. Pero no lo es menos que lo comestible no es una verdad natural sino cultural, y que la comida funciona como un lenguaje social.
Comer es clasificar el mundo porque, más que consumir alimentos, consumimos su significado. Solo nuestras desafecciones nos definen: dime lo que te da asco y te diré quién eres. La buena noticia sería que, si se quiere, del asco también se sale.
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✍🏻 @andoniluisaduriz
#andoniaduriz #chef #cultura
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1 : Adriaen Brouwer
3:Quentin Massys
5: Quentin Massys.
7: El Bosco

El asco es un reflejo, no una elección. Pero, ¿quién programó tu cerebro para sentirlo?
No se puede luchar contra el asco. Es una de las emociones menos negociables; actúa rápido, de manera preracional. Nada está más en contraposición a lo que se tiene por bueno que lo que causa rechazo.
«Inteligencia», «justicia», «éxito», «arte» o «calidad» son términos que, al igual que «belleza» o «asco», funcionan como espejos de quien los utiliza. Siguiendo esta lógica, se podría afirmar que el canon de belleza no es una propiedad fija o inherente de las cosas o los alimentos, sino una relación entre lo que causan en el observador y los dictados del entorno social, cuyo peso es decisivo.
A la par de lo que dicta nuestra naturaleza, existe lo que dispone el juicio social. Cuando se dice «eso da asco», en no pocas ocasiones se está diciendo: «Eso me resulta totalmente ajeno; no pertenece a mi mundo». Se trata de una diferencia enorme, ya que, al igual que sucede con las referencias favorables o lo adecuado, el rechazo también se aprende.
Es palpable que nacemos con ciertas predisposiciones biológicas, pero el contenido específico de lo que consideramos «apto», «excelente» o «repulsivo» es, en gran parte, algo culturalmente aprendido. El problema no es tanto sentir animadversión hacia algo, sino creer que todo lo que nos desagrada a priori está mal. Es una constante: la repugnancia aparece primero y la conciencia suele llegar después para justificarla.
Lo que nació como una defensa contra una potencial infección fue expandiéndose hacia lo social e influyendo en nuestros juicios. Pero no lo es menos que lo comestible no es una verdad natural sino cultural, y que la comida funciona como un lenguaje social.
Comer es clasificar el mundo porque, más que consumir alimentos, consumimos su significado. Solo nuestras desafecciones nos definen: dime lo que te da asco y te diré quién eres. La buena noticia sería que, si se quiere, del asco también se sale.
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5: Quentin Massys.
7: El Bosco

El asco es un reflejo, no una elección. Pero, ¿quién programó tu cerebro para sentirlo?
No se puede luchar contra el asco. Es una de las emociones menos negociables; actúa rápido, de manera preracional. Nada está más en contraposición a lo que se tiene por bueno que lo que causa rechazo.
«Inteligencia», «justicia», «éxito», «arte» o «calidad» son términos que, al igual que «belleza» o «asco», funcionan como espejos de quien los utiliza. Siguiendo esta lógica, se podría afirmar que el canon de belleza no es una propiedad fija o inherente de las cosas o los alimentos, sino una relación entre lo que causan en el observador y los dictados del entorno social, cuyo peso es decisivo.
A la par de lo que dicta nuestra naturaleza, existe lo que dispone el juicio social. Cuando se dice «eso da asco», en no pocas ocasiones se está diciendo: «Eso me resulta totalmente ajeno; no pertenece a mi mundo». Se trata de una diferencia enorme, ya que, al igual que sucede con las referencias favorables o lo adecuado, el rechazo también se aprende.
Es palpable que nacemos con ciertas predisposiciones biológicas, pero el contenido específico de lo que consideramos «apto», «excelente» o «repulsivo» es, en gran parte, algo culturalmente aprendido. El problema no es tanto sentir animadversión hacia algo, sino creer que todo lo que nos desagrada a priori está mal. Es una constante: la repugnancia aparece primero y la conciencia suele llegar después para justificarla.
Lo que nació como una defensa contra una potencial infección fue expandiéndose hacia lo social e influyendo en nuestros juicios. Pero no lo es menos que lo comestible no es una verdad natural sino cultural, y que la comida funciona como un lenguaje social.
Comer es clasificar el mundo porque, más que consumir alimentos, consumimos su significado. Solo nuestras desafecciones nos definen: dime lo que te da asco y te diré quién eres. La buena noticia sería que, si se quiere, del asco también se sale.
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1 : Adriaen Brouwer
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El asco es un reflejo, no una elección. Pero, ¿quién programó tu cerebro para sentirlo?
No se puede luchar contra el asco. Es una de las emociones menos negociables; actúa rápido, de manera preracional. Nada está más en contraposición a lo que se tiene por bueno que lo que causa rechazo.
«Inteligencia», «justicia», «éxito», «arte» o «calidad» son términos que, al igual que «belleza» o «asco», funcionan como espejos de quien los utiliza. Siguiendo esta lógica, se podría afirmar que el canon de belleza no es una propiedad fija o inherente de las cosas o los alimentos, sino una relación entre lo que causan en el observador y los dictados del entorno social, cuyo peso es decisivo.
A la par de lo que dicta nuestra naturaleza, existe lo que dispone el juicio social. Cuando se dice «eso da asco», en no pocas ocasiones se está diciendo: «Eso me resulta totalmente ajeno; no pertenece a mi mundo». Se trata de una diferencia enorme, ya que, al igual que sucede con las referencias favorables o lo adecuado, el rechazo también se aprende.
Es palpable que nacemos con ciertas predisposiciones biológicas, pero el contenido específico de lo que consideramos «apto», «excelente» o «repulsivo» es, en gran parte, algo culturalmente aprendido. El problema no es tanto sentir animadversión hacia algo, sino creer que todo lo que nos desagrada a priori está mal. Es una constante: la repugnancia aparece primero y la conciencia suele llegar después para justificarla.
Lo que nació como una defensa contra una potencial infección fue expandiéndose hacia lo social e influyendo en nuestros juicios. Pero no lo es menos que lo comestible no es una verdad natural sino cultural, y que la comida funciona como un lenguaje social.
Comer es clasificar el mundo porque, más que consumir alimentos, consumimos su significado. Solo nuestras desafecciones nos definen: dime lo que te da asco y te diré quién eres. La buena noticia sería que, si se quiere, del asco también se sale.
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El asco es un reflejo, no una elección. Pero, ¿quién programó tu cerebro para sentirlo?
No se puede luchar contra el asco. Es una de las emociones menos negociables; actúa rápido, de manera preracional. Nada está más en contraposición a lo que se tiene por bueno que lo que causa rechazo.
«Inteligencia», «justicia», «éxito», «arte» o «calidad» son términos que, al igual que «belleza» o «asco», funcionan como espejos de quien los utiliza. Siguiendo esta lógica, se podría afirmar que el canon de belleza no es una propiedad fija o inherente de las cosas o los alimentos, sino una relación entre lo que causan en el observador y los dictados del entorno social, cuyo peso es decisivo.
A la par de lo que dicta nuestra naturaleza, existe lo que dispone el juicio social. Cuando se dice «eso da asco», en no pocas ocasiones se está diciendo: «Eso me resulta totalmente ajeno; no pertenece a mi mundo». Se trata de una diferencia enorme, ya que, al igual que sucede con las referencias favorables o lo adecuado, el rechazo también se aprende.
Es palpable que nacemos con ciertas predisposiciones biológicas, pero el contenido específico de lo que consideramos «apto», «excelente» o «repulsivo» es, en gran parte, algo culturalmente aprendido. El problema no es tanto sentir animadversión hacia algo, sino creer que todo lo que nos desagrada a priori está mal. Es una constante: la repugnancia aparece primero y la conciencia suele llegar después para justificarla.
Lo que nació como una defensa contra una potencial infección fue expandiéndose hacia lo social e influyendo en nuestros juicios. Pero no lo es menos que lo comestible no es una verdad natural sino cultural, y que la comida funciona como un lenguaje social.
Comer es clasificar el mundo porque, más que consumir alimentos, consumimos su significado. Solo nuestras desafecciones nos definen: dime lo que te da asco y te diré quién eres. La buena noticia sería que, si se quiere, del asco también se sale.
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3:Quentin Massys
5: Quentin Massys.
7: El Bosco

Es fácil marearse entre premios y la incesante presión del sector. Pero cuando los fuegos se apagan y la sala queda en silencio, lo que verdaderamente importa es la satisfacción de haber cocinado con autenticidad y haber disfrutado la jornada.
¿Qué fue lo que te hizo enamorar de la cocina por primera vez?
#chefs #cheflife #gastronomia

🍕La pizza ha dejado de ser street food para convertirse en un menú degustación de vanguardia.
🥂Descorchar una añada histórica de culto para acompañar una porción de pizza es, quizás, la declaración de intenciones más audaz de la gastronomía contemporánea. Durante décadas, la élite culinaria nos convenció de que el fine dining requería rigidez, pinzas y códigos de vestimenta.
Pero en Confine Milano, ubicado en las entrañas del histórico distrito de Cinque Vie, esa sensación ha sido interceptada. Los fundadores, Francesco Capece y Mario Ventura, han diseñado un espacio que desafía las fronteras entre la pizzería tradicional y la alta cocina europea.
Para que la panificación soporte la complejidad aromática de un gran vino sin colapsar el paladar, debía evolucionar. Capece erradica las harinas comerciales en favor de la variedad Tipo 1 (rica en salvado y germen). A través de fermentaciones milimétricas y técnicas de “doble cocción” (fritura violenta seguida de horno de piedra), logra desterrar la temida gomosidad. El resultado es una pizza fundente con un crujido estructural impecable.
Bajo el suelo de este escenario minimalista y crudo (diseñado por De.Tales), yace una bóveda natural que custodia 600 etiquetas exclusivas. Es allí donde Mario Ventura dirigeun choque sensorial sin precedentes.
Imaginen la pizza Umaminara, cocinada en padellino crujiente, que integra tomate ahumado en madera de haya, extracto de anchoa y ajo negro sometido a un doble proceso de oxidación. ¿Cómo equilibras semejante estallido de umami? Ventura descarta lo obvio y exige descorchar la mineralidad punzante de un Blanc de Blancs independiente o la acidez vibrante de un Pomerol. Es una danza técnica donde el vino no acompaña; desafía e interroga al plato.
📲 Comenta CONFINE y te enviamos la nota completa.
@confine_milano
@pizzamaker_francesco
@marioconfine
#ConfineMilano #restaurante #pizza

🍕La pizza ha dejado de ser street food para convertirse en un menú degustación de vanguardia.
🥂Descorchar una añada histórica de culto para acompañar una porción de pizza es, quizás, la declaración de intenciones más audaz de la gastronomía contemporánea. Durante décadas, la élite culinaria nos convenció de que el fine dining requería rigidez, pinzas y códigos de vestimenta.
Pero en Confine Milano, ubicado en las entrañas del histórico distrito de Cinque Vie, esa sensación ha sido interceptada. Los fundadores, Francesco Capece y Mario Ventura, han diseñado un espacio que desafía las fronteras entre la pizzería tradicional y la alta cocina europea.
Para que la panificación soporte la complejidad aromática de un gran vino sin colapsar el paladar, debía evolucionar. Capece erradica las harinas comerciales en favor de la variedad Tipo 1 (rica en salvado y germen). A través de fermentaciones milimétricas y técnicas de “doble cocción” (fritura violenta seguida de horno de piedra), logra desterrar la temida gomosidad. El resultado es una pizza fundente con un crujido estructural impecable.
Bajo el suelo de este escenario minimalista y crudo (diseñado por De.Tales), yace una bóveda natural que custodia 600 etiquetas exclusivas. Es allí donde Mario Ventura dirigeun choque sensorial sin precedentes.
Imaginen la pizza Umaminara, cocinada en padellino crujiente, que integra tomate ahumado en madera de haya, extracto de anchoa y ajo negro sometido a un doble proceso de oxidación. ¿Cómo equilibras semejante estallido de umami? Ventura descarta lo obvio y exige descorchar la mineralidad punzante de un Blanc de Blancs independiente o la acidez vibrante de un Pomerol. Es una danza técnica donde el vino no acompaña; desafía e interroga al plato.
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Pero en Confine Milano, ubicado en las entrañas del histórico distrito de Cinque Vie, esa sensación ha sido interceptada. Los fundadores, Francesco Capece y Mario Ventura, han diseñado un espacio que desafía las fronteras entre la pizzería tradicional y la alta cocina europea.
Para que la panificación soporte la complejidad aromática de un gran vino sin colapsar el paladar, debía evolucionar. Capece erradica las harinas comerciales en favor de la variedad Tipo 1 (rica en salvado y germen). A través de fermentaciones milimétricas y técnicas de “doble cocción” (fritura violenta seguida de horno de piedra), logra desterrar la temida gomosidad. El resultado es una pizza fundente con un crujido estructural impecable.
Bajo el suelo de este escenario minimalista y crudo (diseñado por De.Tales), yace una bóveda natural que custodia 600 etiquetas exclusivas. Es allí donde Mario Ventura dirigeun choque sensorial sin precedentes.
Imaginen la pizza Umaminara, cocinada en padellino crujiente, que integra tomate ahumado en madera de haya, extracto de anchoa y ajo negro sometido a un doble proceso de oxidación. ¿Cómo equilibras semejante estallido de umami? Ventura descarta lo obvio y exige descorchar la mineralidad punzante de un Blanc de Blancs independiente o la acidez vibrante de un Pomerol. Es una danza técnica donde el vino no acompaña; desafía e interroga al plato.
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Pero en Confine Milano, ubicado en las entrañas del histórico distrito de Cinque Vie, esa sensación ha sido interceptada. Los fundadores, Francesco Capece y Mario Ventura, han diseñado un espacio que desafía las fronteras entre la pizzería tradicional y la alta cocina europea.
Para que la panificación soporte la complejidad aromática de un gran vino sin colapsar el paladar, debía evolucionar. Capece erradica las harinas comerciales en favor de la variedad Tipo 1 (rica en salvado y germen). A través de fermentaciones milimétricas y técnicas de “doble cocción” (fritura violenta seguida de horno de piedra), logra desterrar la temida gomosidad. El resultado es una pizza fundente con un crujido estructural impecable.
Bajo el suelo de este escenario minimalista y crudo (diseñado por De.Tales), yace una bóveda natural que custodia 600 etiquetas exclusivas. Es allí donde Mario Ventura dirigeun choque sensorial sin precedentes.
Imaginen la pizza Umaminara, cocinada en padellino crujiente, que integra tomate ahumado en madera de haya, extracto de anchoa y ajo negro sometido a un doble proceso de oxidación. ¿Cómo equilibras semejante estallido de umami? Ventura descarta lo obvio y exige descorchar la mineralidad punzante de un Blanc de Blancs independiente o la acidez vibrante de un Pomerol. Es una danza técnica donde el vino no acompaña; desafía e interroga al plato.
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Pero en Confine Milano, ubicado en las entrañas del histórico distrito de Cinque Vie, esa sensación ha sido interceptada. Los fundadores, Francesco Capece y Mario Ventura, han diseñado un espacio que desafía las fronteras entre la pizzería tradicional y la alta cocina europea.
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Bajo el suelo de este escenario minimalista y crudo (diseñado por De.Tales), yace una bóveda natural que custodia 600 etiquetas exclusivas. Es allí donde Mario Ventura dirigeun choque sensorial sin precedentes.
Imaginen la pizza Umaminara, cocinada en padellino crujiente, que integra tomate ahumado en madera de haya, extracto de anchoa y ajo negro sometido a un doble proceso de oxidación. ¿Cómo equilibras semejante estallido de umami? Ventura descarta lo obvio y exige descorchar la mineralidad punzante de un Blanc de Blancs independiente o la acidez vibrante de un Pomerol. Es una danza técnica donde el vino no acompaña; desafía e interroga al plato.
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Pero en Confine Milano, ubicado en las entrañas del histórico distrito de Cinque Vie, esa sensación ha sido interceptada. Los fundadores, Francesco Capece y Mario Ventura, han diseñado un espacio que desafía las fronteras entre la pizzería tradicional y la alta cocina europea.
Para que la panificación soporte la complejidad aromática de un gran vino sin colapsar el paladar, debía evolucionar. Capece erradica las harinas comerciales en favor de la variedad Tipo 1 (rica en salvado y germen). A través de fermentaciones milimétricas y técnicas de “doble cocción” (fritura violenta seguida de horno de piedra), logra desterrar la temida gomosidad. El resultado es una pizza fundente con un crujido estructural impecable.
Bajo el suelo de este escenario minimalista y crudo (diseñado por De.Tales), yace una bóveda natural que custodia 600 etiquetas exclusivas. Es allí donde Mario Ventura dirigeun choque sensorial sin precedentes.
Imaginen la pizza Umaminara, cocinada en padellino crujiente, que integra tomate ahumado en madera de haya, extracto de anchoa y ajo negro sometido a un doble proceso de oxidación. ¿Cómo equilibras semejante estallido de umami? Ventura descarta lo obvio y exige descorchar la mineralidad punzante de un Blanc de Blancs independiente o la acidez vibrante de un Pomerol. Es una danza técnica donde el vino no acompaña; desafía e interroga al plato.
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Pero en Confine Milano, ubicado en las entrañas del histórico distrito de Cinque Vie, esa sensación ha sido interceptada. Los fundadores, Francesco Capece y Mario Ventura, han diseñado un espacio que desafía las fronteras entre la pizzería tradicional y la alta cocina europea.
Para que la panificación soporte la complejidad aromática de un gran vino sin colapsar el paladar, debía evolucionar. Capece erradica las harinas comerciales en favor de la variedad Tipo 1 (rica en salvado y germen). A través de fermentaciones milimétricas y técnicas de “doble cocción” (fritura violenta seguida de horno de piedra), logra desterrar la temida gomosidad. El resultado es una pizza fundente con un crujido estructural impecable.
Bajo el suelo de este escenario minimalista y crudo (diseñado por De.Tales), yace una bóveda natural que custodia 600 etiquetas exclusivas. Es allí donde Mario Ventura dirigeun choque sensorial sin precedentes.
Imaginen la pizza Umaminara, cocinada en padellino crujiente, que integra tomate ahumado en madera de haya, extracto de anchoa y ajo negro sometido a un doble proceso de oxidación. ¿Cómo equilibras semejante estallido de umami? Ventura descarta lo obvio y exige descorchar la mineralidad punzante de un Blanc de Blancs independiente o la acidez vibrante de un Pomerol. Es una danza técnica donde el vino no acompaña; desafía e interroga al plato.
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#ConfineMilano #restaurante #pizza
🎬 ¿Estás listo para volver al origen?
Netflix acaba de estrenar: Aquí hablamos de huertos.
A simple vista, ver a Zach Galifianakis cambiando los sets de comedia por huertos en la agreste Canadá parece un capricho. Pero detrás de su humor absurdo se esconde uno de los temas más urgentes de la década. La producción nos recuerda que el verdadero lujo se cultiva en el barro.
Desde una perspectiva narrativa, la docuserie de seis episodios logra exponer como a la industria alimentaria, obsesionada por el volumen y la estética plástica de góndola, ha reemplazando la complejidad natural y la memoria del sabor por la estandarización masiva.
A través de una dirección de fotografía cautivadora de Mac DeMarco, el montaje abandona el clásico food porn de restaurantes hiperactivos para enfocarse en la naturaleza. Al explorar la genética de las manzanas heirloom, los maíces ancestrales y el forrajeo silvestre, la serie expone que volver a la tierra ya no es una simple etiqueta de marketing verde, sino un acto de resistencia cultural.
La premisa es clara: el sistema de producción masiva está roto. Si queremos platos llenos de sabor, nutrición y calidad, debemos apoyar la producción orgánica, respetar las temporadas y cuidar nuestros recursos naturales de forma urgente. 💧🌍 Además, sus charlas con niños sobre el origen de la comida te harán reír a carcajadas (y reflexionar bastante).
Para los profesionales de la mesa y los que simplemente amamos la buena gastronomía, es un recordatorio audiovisual imborrable: no hay técnica que salve a un ingrediente que nace sin alma.
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Todos los derechos reservados a sus respectivos titulares
✍️ @solevenesio
#cinegastro #cine #series #netflix #gastronomia

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A simple vista, ver a Zach Galifianakis cambiando los sets de comedia por huertos en la agreste Canadá parece un capricho. Pero detrás de su humor absurdo se esconde uno de los temas más urgentes de la década. La producción nos recuerda que el verdadero lujo se cultiva en el barro.
Desde una perspectiva narrativa, la docuserie de seis episodios logra exponer como a la industria alimentaria, obsesionada por el volumen y la estética plástica de góndola, ha reemplazando la complejidad natural y la memoria del sabor por la estandarización masiva.
A través de una dirección de fotografía cautivadora de Mac DeMarco, el montaje abandona el clásico food porn de restaurantes hiperactivos para enfocarse en la naturaleza. Al explorar la genética de las manzanas heirloom, los maíces ancestrales y el forrajeo silvestre, la serie expone que volver a la tierra ya no es una simple etiqueta de marketing verde, sino un acto de resistencia cultural.
La premisa es clara: el sistema de producción masiva está roto. Si queremos platos llenos de sabor, nutrición y calidad, debemos apoyar la producción orgánica, respetar las temporadas y cuidar nuestros recursos naturales de forma urgente. 💧🌍 Además, sus charlas con niños sobre el origen de la comida te harán reír a carcajadas (y reflexionar bastante).
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La premisa es clara: el sistema de producción masiva está roto. Si queremos platos llenos de sabor, nutrición y calidad, debemos apoyar la producción orgánica, respetar las temporadas y cuidar nuestros recursos naturales de forma urgente. 💧🌍 Además, sus charlas con niños sobre el origen de la comida te harán reír a carcajadas (y reflexionar bastante).
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Desde una perspectiva narrativa, la docuserie de seis episodios logra exponer como a la industria alimentaria, obsesionada por el volumen y la estética plástica de góndola, ha reemplazando la complejidad natural y la memoria del sabor por la estandarización masiva.
A través de una dirección de fotografía cautivadora de Mac DeMarco, el montaje abandona el clásico food porn de restaurantes hiperactivos para enfocarse en la naturaleza. Al explorar la genética de las manzanas heirloom, los maíces ancestrales y el forrajeo silvestre, la serie expone que volver a la tierra ya no es una simple etiqueta de marketing verde, sino un acto de resistencia cultural.
La premisa es clara: el sistema de producción masiva está roto. Si queremos platos llenos de sabor, nutrición y calidad, debemos apoyar la producción orgánica, respetar las temporadas y cuidar nuestros recursos naturales de forma urgente. 💧🌍 Además, sus charlas con niños sobre el origen de la comida te harán reír a carcajadas (y reflexionar bastante).
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¿Es posible tomar el apellido más revolucionario del vino argentino y cambiar por completo las reglas de su propia historia? 🥂
Cuando el apellido familiar es sinónimo de la gran revolución del vino argentino, el desafío no es mantener el estándar, sino expandir el horizonte.
Para el mundo, Susana Balbo es una figura mítica. Para su hija, Ana, fue la escuela perfecta de resiliencia y visión. Bajo esa premisa de excelencia inquebrantable, Ana decidió cruzar la frontera de la enología clásica para adentrarse en la alta hospitalidad. Así nació Osadía de Crear, una apuesta de alto riesgo que rompió paradigmas. ¿El resultado? Un ecosistema vivo donde la cocina de vanguardia dialoga de igual a igual con vinos de talla mundial.
Pero el verdadero lujo contemporáneo ya no se mide en ostentación. Es un lujo silencioso, curado al milímetro, que apela directamente a nuestra memoria emocional. Ana comprendió que la hospitalidad de élite debe tocar fibras profundas. Inspirada en sus recuerdos de infancia, dio vida al concepto “Be My Guest”. Aquí, cada detalle está diseñado para transformar la estética hotelera en la calidez genuina de ser recibido por un amigo íntimo. Es el confort llevado a la máxima expresión del diseño de experiencias.
Esta visión, donde nada se deja al azar, fue premiada con una Estrella Verde Michelin. La economía circular, el trabajo con la comunidad y el respeto irrestricto por el terruño han demostrado ser hoy el atributo definitivo de la exclusividad.
Lo que perdura es cómo un lugar te hace sentir. Ana ha decodificado el arte de recibir, consolidando a Mendoza no solo como origen de grandes vinos, sino como el epicentro de la hospitalidad sudamericana.
📲 Comenta ANA y te enviamos la nota completa.
🔴 Entrevista: @analovagliobalbo
🔴 Hotel: @susanabalbouniquestays
🔴 Restaurant del hotel: @restaurant.lavida
🔴 Bodega: @susanabalbowines
🔴 Osadía de Crear: @osadiadecrear
@flavia_amad
#wine #susanabalbo #vinoargentino #gastronomía#bodega @chefshunterok

¿Es posible tomar el apellido más revolucionario del vino argentino y cambiar por completo las reglas de su propia historia? 🥂
Cuando el apellido familiar es sinónimo de la gran revolución del vino argentino, el desafío no es mantener el estándar, sino expandir el horizonte.
Para el mundo, Susana Balbo es una figura mítica. Para su hija, Ana, fue la escuela perfecta de resiliencia y visión. Bajo esa premisa de excelencia inquebrantable, Ana decidió cruzar la frontera de la enología clásica para adentrarse en la alta hospitalidad. Así nació Osadía de Crear, una apuesta de alto riesgo que rompió paradigmas. ¿El resultado? Un ecosistema vivo donde la cocina de vanguardia dialoga de igual a igual con vinos de talla mundial.
Pero el verdadero lujo contemporáneo ya no se mide en ostentación. Es un lujo silencioso, curado al milímetro, que apela directamente a nuestra memoria emocional. Ana comprendió que la hospitalidad de élite debe tocar fibras profundas. Inspirada en sus recuerdos de infancia, dio vida al concepto “Be My Guest”. Aquí, cada detalle está diseñado para transformar la estética hotelera en la calidez genuina de ser recibido por un amigo íntimo. Es el confort llevado a la máxima expresión del diseño de experiencias.
Esta visión, donde nada se deja al azar, fue premiada con una Estrella Verde Michelin. La economía circular, el trabajo con la comunidad y el respeto irrestricto por el terruño han demostrado ser hoy el atributo definitivo de la exclusividad.
Lo que perdura es cómo un lugar te hace sentir. Ana ha decodificado el arte de recibir, consolidando a Mendoza no solo como origen de grandes vinos, sino como el epicentro de la hospitalidad sudamericana.
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Cuando el apellido familiar es sinónimo de la gran revolución del vino argentino, el desafío no es mantener el estándar, sino expandir el horizonte.
Para el mundo, Susana Balbo es una figura mítica. Para su hija, Ana, fue la escuela perfecta de resiliencia y visión. Bajo esa premisa de excelencia inquebrantable, Ana decidió cruzar la frontera de la enología clásica para adentrarse en la alta hospitalidad. Así nació Osadía de Crear, una apuesta de alto riesgo que rompió paradigmas. ¿El resultado? Un ecosistema vivo donde la cocina de vanguardia dialoga de igual a igual con vinos de talla mundial.
Pero el verdadero lujo contemporáneo ya no se mide en ostentación. Es un lujo silencioso, curado al milímetro, que apela directamente a nuestra memoria emocional. Ana comprendió que la hospitalidad de élite debe tocar fibras profundas. Inspirada en sus recuerdos de infancia, dio vida al concepto “Be My Guest”. Aquí, cada detalle está diseñado para transformar la estética hotelera en la calidez genuina de ser recibido por un amigo íntimo. Es el confort llevado a la máxima expresión del diseño de experiencias.
Esta visión, donde nada se deja al azar, fue premiada con una Estrella Verde Michelin. La economía circular, el trabajo con la comunidad y el respeto irrestricto por el terruño han demostrado ser hoy el atributo definitivo de la exclusividad.
Lo que perdura es cómo un lugar te hace sentir. Ana ha decodificado el arte de recibir, consolidando a Mendoza no solo como origen de grandes vinos, sino como el epicentro de la hospitalidad sudamericana.
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Para el mundo, Susana Balbo es una figura mítica. Para su hija, Ana, fue la escuela perfecta de resiliencia y visión. Bajo esa premisa de excelencia inquebrantable, Ana decidió cruzar la frontera de la enología clásica para adentrarse en la alta hospitalidad. Así nació Osadía de Crear, una apuesta de alto riesgo que rompió paradigmas. ¿El resultado? Un ecosistema vivo donde la cocina de vanguardia dialoga de igual a igual con vinos de talla mundial.
Pero el verdadero lujo contemporáneo ya no se mide en ostentación. Es un lujo silencioso, curado al milímetro, que apela directamente a nuestra memoria emocional. Ana comprendió que la hospitalidad de élite debe tocar fibras profundas. Inspirada en sus recuerdos de infancia, dio vida al concepto “Be My Guest”. Aquí, cada detalle está diseñado para transformar la estética hotelera en la calidez genuina de ser recibido por un amigo íntimo. Es el confort llevado a la máxima expresión del diseño de experiencias.
Esta visión, donde nada se deja al azar, fue premiada con una Estrella Verde Michelin. La economía circular, el trabajo con la comunidad y el respeto irrestricto por el terruño han demostrado ser hoy el atributo definitivo de la exclusividad.
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Para el mundo, Susana Balbo es una figura mítica. Para su hija, Ana, fue la escuela perfecta de resiliencia y visión. Bajo esa premisa de excelencia inquebrantable, Ana decidió cruzar la frontera de la enología clásica para adentrarse en la alta hospitalidad. Así nació Osadía de Crear, una apuesta de alto riesgo que rompió paradigmas. ¿El resultado? Un ecosistema vivo donde la cocina de vanguardia dialoga de igual a igual con vinos de talla mundial.
Pero el verdadero lujo contemporáneo ya no se mide en ostentación. Es un lujo silencioso, curado al milímetro, que apela directamente a nuestra memoria emocional. Ana comprendió que la hospitalidad de élite debe tocar fibras profundas. Inspirada en sus recuerdos de infancia, dio vida al concepto “Be My Guest”. Aquí, cada detalle está diseñado para transformar la estética hotelera en la calidez genuina de ser recibido por un amigo íntimo. Es el confort llevado a la máxima expresión del diseño de experiencias.
Esta visión, donde nada se deja al azar, fue premiada con una Estrella Verde Michelin. La economía circular, el trabajo con la comunidad y el respeto irrestricto por el terruño han demostrado ser hoy el atributo definitivo de la exclusividad.
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Cuando el apellido familiar es sinónimo de la gran revolución del vino argentino, el desafío no es mantener el estándar, sino expandir el horizonte.
Para el mundo, Susana Balbo es una figura mítica. Para su hija, Ana, fue la escuela perfecta de resiliencia y visión. Bajo esa premisa de excelencia inquebrantable, Ana decidió cruzar la frontera de la enología clásica para adentrarse en la alta hospitalidad. Así nació Osadía de Crear, una apuesta de alto riesgo que rompió paradigmas. ¿El resultado? Un ecosistema vivo donde la cocina de vanguardia dialoga de igual a igual con vinos de talla mundial.
Pero el verdadero lujo contemporáneo ya no se mide en ostentación. Es un lujo silencioso, curado al milímetro, que apela directamente a nuestra memoria emocional. Ana comprendió que la hospitalidad de élite debe tocar fibras profundas. Inspirada en sus recuerdos de infancia, dio vida al concepto “Be My Guest”. Aquí, cada detalle está diseñado para transformar la estética hotelera en la calidez genuina de ser recibido por un amigo íntimo. Es el confort llevado a la máxima expresión del diseño de experiencias.
Esta visión, donde nada se deja al azar, fue premiada con una Estrella Verde Michelin. La economía circular, el trabajo con la comunidad y el respeto irrestricto por el terruño han demostrado ser hoy el atributo definitivo de la exclusividad.
Lo que perdura es cómo un lugar te hace sentir. Ana ha decodificado el arte de recibir, consolidando a Mendoza no solo como origen de grandes vinos, sino como el epicentro de la hospitalidad sudamericana.
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La excelencia no nace del apuro, sino del respeto absoluto por el ritmo natural de las cosas.
💫Simplemente hacer una pausa y sentarse a la mesa.
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@julian.galende
@alcanfor.bsas
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🇦🇺 ¿Añadir ingredientes esconde inseguridades y quitarlos coraje?
La lección de alta cocina que nadie te enseña en las academias.
El currículum de Federico Zanellato es un atlas de la exigencia gastronómica global. Atravesó la rigidez clásica de The Ritz, absorbió la precisión milimétrica de La Pergola, se sumergió en la obsesión perfeccionista del kaiseki en Nihonryori RyuGin y exploró la vanguardia naturalista de Noma y Attica.
El riesgo de poseer maestros tan dominantes es terminar creando un menú inconexo, un pastiche de técnicas brillantes pero carentes de voz propia.
“La parte más difícil no fue aprender de esos lugares…la parte más difícil fue olvidar lo suficiente de ellos para convertirme en mí mismo”, comenta.
“La madurez llega cuando dejas de preguntarte: ¿Qué puedo hacerle a este ingrediente? y empiezas a cuestionarte?…¿Qué necesita este ingrediente de mí?”, nos confiesa.
Zanellato ha decodificado una fórmula magistral: utiliza la milimétrica técnica japonesa (dashi, baja intervención, curados) para aportar una ligereza etérea, mientras mantiene intacto el ADN del confort y la memoria italiana.
Platos que no buscan un aplauso intelectual, sino conectar, apelando a la calidez humana y al deseo puro de un bocado más.
📲 Comenta FEDERICO y te enviamos la nota completa
@federicoz80
@lumidining
#gastronomia #restaurant #chef

🇦🇺 ¿Añadir ingredientes esconde inseguridades y quitarlos coraje?
La lección de alta cocina que nadie te enseña en las academias.
El currículum de Federico Zanellato es un atlas de la exigencia gastronómica global. Atravesó la rigidez clásica de The Ritz, absorbió la precisión milimétrica de La Pergola, se sumergió en la obsesión perfeccionista del kaiseki en Nihonryori RyuGin y exploró la vanguardia naturalista de Noma y Attica.
El riesgo de poseer maestros tan dominantes es terminar creando un menú inconexo, un pastiche de técnicas brillantes pero carentes de voz propia.
“La parte más difícil no fue aprender de esos lugares…la parte más difícil fue olvidar lo suficiente de ellos para convertirme en mí mismo”, comenta.
“La madurez llega cuando dejas de preguntarte: ¿Qué puedo hacerle a este ingrediente? y empiezas a cuestionarte?…¿Qué necesita este ingrediente de mí?”, nos confiesa.
Zanellato ha decodificado una fórmula magistral: utiliza la milimétrica técnica japonesa (dashi, baja intervención, curados) para aportar una ligereza etérea, mientras mantiene intacto el ADN del confort y la memoria italiana.
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El riesgo de poseer maestros tan dominantes es terminar creando un menú inconexo, un pastiche de técnicas brillantes pero carentes de voz propia.
“La parte más difícil no fue aprender de esos lugares…la parte más difícil fue olvidar lo suficiente de ellos para convertirme en mí mismo”, comenta.
“La madurez llega cuando dejas de preguntarte: ¿Qué puedo hacerle a este ingrediente? y empiezas a cuestionarte?…¿Qué necesita este ingrediente de mí?”, nos confiesa.
Zanellato ha decodificado una fórmula magistral: utiliza la milimétrica técnica japonesa (dashi, baja intervención, curados) para aportar una ligereza etérea, mientras mantiene intacto el ADN del confort y la memoria italiana.
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“La parte más difícil no fue aprender de esos lugares…la parte más difícil fue olvidar lo suficiente de ellos para convertirme en mí mismo”, comenta.
“La madurez llega cuando dejas de preguntarte: ¿Qué puedo hacerle a este ingrediente? y empiezas a cuestionarte?…¿Qué necesita este ingrediente de mí?”, nos confiesa.
Zanellato ha decodificado una fórmula magistral: utiliza la milimétrica técnica japonesa (dashi, baja intervención, curados) para aportar una ligereza etérea, mientras mantiene intacto el ADN del confort y la memoria italiana.
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“La parte más difícil no fue aprender de esos lugares…la parte más difícil fue olvidar lo suficiente de ellos para convertirme en mí mismo”, comenta.
“La madurez llega cuando dejas de preguntarte: ¿Qué puedo hacerle a este ingrediente? y empiezas a cuestionarte?…¿Qué necesita este ingrediente de mí?”, nos confiesa.
Zanellato ha decodificado una fórmula magistral: utiliza la milimétrica técnica japonesa (dashi, baja intervención, curados) para aportar una ligereza etérea, mientras mantiene intacto el ADN del confort y la memoria italiana.
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El riesgo de poseer maestros tan dominantes es terminar creando un menú inconexo, un pastiche de técnicas brillantes pero carentes de voz propia.
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“La madurez llega cuando dejas de preguntarte: ¿Qué puedo hacerle a este ingrediente? y empiezas a cuestionarte?…¿Qué necesita este ingrediente de mí?”, nos confiesa.
Zanellato ha decodificado una fórmula magistral: utiliza la milimétrica técnica japonesa (dashi, baja intervención, curados) para aportar una ligereza etérea, mientras mantiene intacto el ADN del confort y la memoria italiana.
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¿Por qué medimos el tiempo exacto para no arruinar la carne, pero a las verduras las abandonamos en agua hirviendo hasta que se rinden?🥦🥕
Piensa en un brócoli o en unos espárragos. Cuando ese verde brillante y explosivo se vuelve opaco y triste, no solo cambia su aspecto. En ese preciso momento, gran parte de su sabor natural y de lo bueno que tienen para aportarnos se queda nadando en el agua de la olla.
Parece que nos acostumbramos a la idea de que los vegetales deben deshacerse en la boca para estar listos. Pero morder un vegetal y no sentir ninguna resistencia es quitarle toda su gracia.
Ese toque crujiente al morder no significa que le faltó tiempo en el fuego. Es la señal de que el ingrediente sigue vivo, manteniendo su frescura y su estructura original intactas.
Empezar a tratar a lo que sale de la tierra con el mismo respeto que le damos a un plato principal lo cambia todo. Requiere menos tiempo sumergido en agua y un poco más de atención.
Salvar la textura posiblemente es la única forma de salvar el verdadero sabor.
➡️ ¿Coincides conmigo o tienes otra mirada ?
#elpañodejuan #gastronomia #chef #chefjobs #restaurant

¿Por qué medimos el tiempo exacto para no arruinar la carne, pero a las verduras las abandonamos en agua hirviendo hasta que se rinden?🥦🥕
Piensa en un brócoli o en unos espárragos. Cuando ese verde brillante y explosivo se vuelve opaco y triste, no solo cambia su aspecto. En ese preciso momento, gran parte de su sabor natural y de lo bueno que tienen para aportarnos se queda nadando en el agua de la olla.
Parece que nos acostumbramos a la idea de que los vegetales deben deshacerse en la boca para estar listos. Pero morder un vegetal y no sentir ninguna resistencia es quitarle toda su gracia.
Ese toque crujiente al morder no significa que le faltó tiempo en el fuego. Es la señal de que el ingrediente sigue vivo, manteniendo su frescura y su estructura original intactas.
Empezar a tratar a lo que sale de la tierra con el mismo respeto que le damos a un plato principal lo cambia todo. Requiere menos tiempo sumergido en agua y un poco más de atención.
Salvar la textura posiblemente es la única forma de salvar el verdadero sabor.
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¿Por qué medimos el tiempo exacto para no arruinar la carne, pero a las verduras las abandonamos en agua hirviendo hasta que se rinden?🥦🥕
Piensa en un brócoli o en unos espárragos. Cuando ese verde brillante y explosivo se vuelve opaco y triste, no solo cambia su aspecto. En ese preciso momento, gran parte de su sabor natural y de lo bueno que tienen para aportarnos se queda nadando en el agua de la olla.
Parece que nos acostumbramos a la idea de que los vegetales deben deshacerse en la boca para estar listos. Pero morder un vegetal y no sentir ninguna resistencia es quitarle toda su gracia.
Ese toque crujiente al morder no significa que le faltó tiempo en el fuego. Es la señal de que el ingrediente sigue vivo, manteniendo su frescura y su estructura original intactas.
Empezar a tratar a lo que sale de la tierra con el mismo respeto que le damos a un plato principal lo cambia todo. Requiere menos tiempo sumergido en agua y un poco más de atención.
Salvar la textura posiblemente es la única forma de salvar el verdadero sabor.
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¿Por qué medimos el tiempo exacto para no arruinar la carne, pero a las verduras las abandonamos en agua hirviendo hasta que se rinden?🥦🥕
Piensa en un brócoli o en unos espárragos. Cuando ese verde brillante y explosivo se vuelve opaco y triste, no solo cambia su aspecto. En ese preciso momento, gran parte de su sabor natural y de lo bueno que tienen para aportarnos se queda nadando en el agua de la olla.
Parece que nos acostumbramos a la idea de que los vegetales deben deshacerse en la boca para estar listos. Pero morder un vegetal y no sentir ninguna resistencia es quitarle toda su gracia.
Ese toque crujiente al morder no significa que le faltó tiempo en el fuego. Es la señal de que el ingrediente sigue vivo, manteniendo su frescura y su estructura original intactas.
Empezar a tratar a lo que sale de la tierra con el mismo respeto que le damos a un plato principal lo cambia todo. Requiere menos tiempo sumergido en agua y un poco más de atención.
Salvar la textura posiblemente es la única forma de salvar el verdadero sabor.
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#elpañodejuan #gastronomia #chef #chefjobs #restaurant
¿Crees que la alta cocina se resume a la adrenalina y el drama que muestran las películas y series de moda? 🎬✨
Para Massimiliano Alajmo, chef de Le Calandre, la realidad es infinitamente más fascinante, pero exige sumergirse en lo profundo: “Hay que levantar la tapa y mirar dentro de la olla para entender el verdadero sentido”.
El motor creativo del grupo Alajmo es la sangre. La dinámica diaria con su hermano Raffaele es una danza constante de contrastes y visiones opuestas. Sin embargo, bajo la mirada sabia de su padre y madre, todas las tensiones corporativas y creativas encuentran una resolución innegociable en el afecto.
Esta red de contención familiar, es un escudo psicológico impecable.
Es este ecosistema el que le otorga a Massimiliano el privilegio más codiciado de la gastronomía, la capacidad de operar en los fogones con la libertad lúdica de un niño, respaldada por la responsabilidad de un maestro.
📲Comenta MASSIMILIANO y te enviamos el video completo por mensaje.
#MassimilianoAlajmo #LeCalandre #gastronomia #restaurant #cheflife

Cada hora de esfuerzo, cada detalle y cada gota de amor que pones en lo que haces, está creando un eco. Tarde o temprano, la vida te lo devuelve multiplicado. Confía en tu entrega ✨

¿Y si el verdadero lujo fuera no exagerar?
Cruzar las puertas del Hôtel de Paris en Montecarlo es someterse a una inmersión inmediata en la historia de la opulencia europea. Allí se encuentra el restaurante más emblemático del Principado de Mónaco. Al mando de sus estaciones de trabajo, Emmanuel Pilon ha decidido que la máxima sofisticación contemporánea no necesita brillar con polvo de oro.
Las cuatro décadas de legado de Le Louis XV y la filosofía fundacional de Alain Ducasse no operan sobre él como una carga, sino como un punto de partida. Alejado de los cocineros que persiguen el aplauso fácil a través del espectáculo visual efímero, Pilon actúa como un traductor silencioso de la naturaleza. Su cocina, de lealtad absoluta al producto; es un recordatorio de que, en la cúspide de la gastronomía, la verdadera sofisticación es saber dar un paso atrás.
Para entender la revolución de Pilon, hay que dominar dos conceptos que están redefiniendo el fine dining a nivel global
⠀
Naturalité (Ética de la materia prima): El respeto innegociable por la totalidad del producto. No existen los “ingredientes nobles”; solo paladares educados.
Desseralité (La caída de la máscara): La erradicación del azúcar como atajo. Durante décadas, el exceso de glucosa ha funcionado como un anestésico gustativo. Al reducirlo a su mínima expresión, Pilon y su equipo obligan a la acidez y al dulzor intrínseco de la fruta a mostrarse.⠀
Emmanuel Pilon, junto a un servicio de sala que ejecuta su labor con una telepatía milimétrica, ha logrado que la verdadera sofisticación sea el triunfo definitivo de la sustancia sobre el efecto. ⠀
¿Cómo se logra sincronizar el “ballet silencioso” entre el salón y la cocina para que el comensal viva una experiencia de esta magnitud?
Desliza en el carrusel para descubrir las reglas de oro de este enclave Michelin, y adéntrate en la mente del intérprete de la visión de Ducasse.
📲 Comenta Emmanuel y te enviaremos la nota completa
@emmanuel_pilon @lelouisxvmonaco @hoteldeparismc @alainducasse
📷 Matteo Carassale
#EmmanuelPilon #gastronomia #AlainDucasse #restaurant #chef

¿Y si el verdadero lujo fuera no exagerar?
Cruzar las puertas del Hôtel de Paris en Montecarlo es someterse a una inmersión inmediata en la historia de la opulencia europea. Allí se encuentra el restaurante más emblemático del Principado de Mónaco. Al mando de sus estaciones de trabajo, Emmanuel Pilon ha decidido que la máxima sofisticación contemporánea no necesita brillar con polvo de oro.
Las cuatro décadas de legado de Le Louis XV y la filosofía fundacional de Alain Ducasse no operan sobre él como una carga, sino como un punto de partida. Alejado de los cocineros que persiguen el aplauso fácil a través del espectáculo visual efímero, Pilon actúa como un traductor silencioso de la naturaleza. Su cocina, de lealtad absoluta al producto; es un recordatorio de que, en la cúspide de la gastronomía, la verdadera sofisticación es saber dar un paso atrás.
Para entender la revolución de Pilon, hay que dominar dos conceptos que están redefiniendo el fine dining a nivel global
⠀
Naturalité (Ética de la materia prima): El respeto innegociable por la totalidad del producto. No existen los “ingredientes nobles”; solo paladares educados.
Desseralité (La caída de la máscara): La erradicación del azúcar como atajo. Durante décadas, el exceso de glucosa ha funcionado como un anestésico gustativo. Al reducirlo a su mínima expresión, Pilon y su equipo obligan a la acidez y al dulzor intrínseco de la fruta a mostrarse.⠀
Emmanuel Pilon, junto a un servicio de sala que ejecuta su labor con una telepatía milimétrica, ha logrado que la verdadera sofisticación sea el triunfo definitivo de la sustancia sobre el efecto. ⠀
¿Cómo se logra sincronizar el “ballet silencioso” entre el salón y la cocina para que el comensal viva una experiencia de esta magnitud?
Desliza en el carrusel para descubrir las reglas de oro de este enclave Michelin, y adéntrate en la mente del intérprete de la visión de Ducasse.
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Cruzar las puertas del Hôtel de Paris en Montecarlo es someterse a una inmersión inmediata en la historia de la opulencia europea. Allí se encuentra el restaurante más emblemático del Principado de Mónaco. Al mando de sus estaciones de trabajo, Emmanuel Pilon ha decidido que la máxima sofisticación contemporánea no necesita brillar con polvo de oro.
Las cuatro décadas de legado de Le Louis XV y la filosofía fundacional de Alain Ducasse no operan sobre él como una carga, sino como un punto de partida. Alejado de los cocineros que persiguen el aplauso fácil a través del espectáculo visual efímero, Pilon actúa como un traductor silencioso de la naturaleza. Su cocina, de lealtad absoluta al producto; es un recordatorio de que, en la cúspide de la gastronomía, la verdadera sofisticación es saber dar un paso atrás.
Para entender la revolución de Pilon, hay que dominar dos conceptos que están redefiniendo el fine dining a nivel global
⠀
Naturalité (Ética de la materia prima): El respeto innegociable por la totalidad del producto. No existen los “ingredientes nobles”; solo paladares educados.
Desseralité (La caída de la máscara): La erradicación del azúcar como atajo. Durante décadas, el exceso de glucosa ha funcionado como un anestésico gustativo. Al reducirlo a su mínima expresión, Pilon y su equipo obligan a la acidez y al dulzor intrínseco de la fruta a mostrarse.⠀
Emmanuel Pilon, junto a un servicio de sala que ejecuta su labor con una telepatía milimétrica, ha logrado que la verdadera sofisticación sea el triunfo definitivo de la sustancia sobre el efecto. ⠀
¿Cómo se logra sincronizar el “ballet silencioso” entre el salón y la cocina para que el comensal viva una experiencia de esta magnitud?
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Cruzar las puertas del Hôtel de Paris en Montecarlo es someterse a una inmersión inmediata en la historia de la opulencia europea. Allí se encuentra el restaurante más emblemático del Principado de Mónaco. Al mando de sus estaciones de trabajo, Emmanuel Pilon ha decidido que la máxima sofisticación contemporánea no necesita brillar con polvo de oro.
Las cuatro décadas de legado de Le Louis XV y la filosofía fundacional de Alain Ducasse no operan sobre él como una carga, sino como un punto de partida. Alejado de los cocineros que persiguen el aplauso fácil a través del espectáculo visual efímero, Pilon actúa como un traductor silencioso de la naturaleza. Su cocina, de lealtad absoluta al producto; es un recordatorio de que, en la cúspide de la gastronomía, la verdadera sofisticación es saber dar un paso atrás.
Para entender la revolución de Pilon, hay que dominar dos conceptos que están redefiniendo el fine dining a nivel global
⠀
Naturalité (Ética de la materia prima): El respeto innegociable por la totalidad del producto. No existen los “ingredientes nobles”; solo paladares educados.
Desseralité (La caída de la máscara): La erradicación del azúcar como atajo. Durante décadas, el exceso de glucosa ha funcionado como un anestésico gustativo. Al reducirlo a su mínima expresión, Pilon y su equipo obligan a la acidez y al dulzor intrínseco de la fruta a mostrarse.⠀
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Cruzar las puertas del Hôtel de Paris en Montecarlo es someterse a una inmersión inmediata en la historia de la opulencia europea. Allí se encuentra el restaurante más emblemático del Principado de Mónaco. Al mando de sus estaciones de trabajo, Emmanuel Pilon ha decidido que la máxima sofisticación contemporánea no necesita brillar con polvo de oro.
Las cuatro décadas de legado de Le Louis XV y la filosofía fundacional de Alain Ducasse no operan sobre él como una carga, sino como un punto de partida. Alejado de los cocineros que persiguen el aplauso fácil a través del espectáculo visual efímero, Pilon actúa como un traductor silencioso de la naturaleza. Su cocina, de lealtad absoluta al producto; es un recordatorio de que, en la cúspide de la gastronomía, la verdadera sofisticación es saber dar un paso atrás.
Para entender la revolución de Pilon, hay que dominar dos conceptos que están redefiniendo el fine dining a nivel global
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Naturalité (Ética de la materia prima): El respeto innegociable por la totalidad del producto. No existen los “ingredientes nobles”; solo paladares educados.
Desseralité (La caída de la máscara): La erradicación del azúcar como atajo. Durante décadas, el exceso de glucosa ha funcionado como un anestésico gustativo. Al reducirlo a su mínima expresión, Pilon y su equipo obligan a la acidez y al dulzor intrínseco de la fruta a mostrarse.⠀
Emmanuel Pilon, junto a un servicio de sala que ejecuta su labor con una telepatía milimétrica, ha logrado que la verdadera sofisticación sea el triunfo definitivo de la sustancia sobre el efecto. ⠀
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